BASADO EN HECHOS REALES
CLXXVII DIARIO DE UN MIGRANTE, INMIGRANTE, EMIGRANTE, EXPATRIADO, O LO QUE QUIERA QUE SEA, EN CDMX
Jose Manuel Hernando
Director Creativo Regional LATAM
Llevo en CDMX un mes y medio más menos, y ya tengo perspectiva como para evaluar si este triple salto mortal con tirabuzón que he dado ha sido un disparadero o un disparate, y en este post lo comparto. E independientemente del estado del haber o del deber, aprovecho para ampliar la respuesta a amigos, conocidos y familiares que me preguntan con un escueto y desapasionado “qué tal” por whatsapp, Instagram, tam tam y teams. Veamos Leamos…
La distancia no es algo que se mida en kilómetros, ni millas, ni pies. La distancia se mide en gramos de nostalgia, o en kilos, depende de lo fuerte que te pegue la morriña. Cierto es que viajar según una encuesta de esas que encuentras por internet, es la actividad preferida por el 85% de las parejas españolas, después evidentemente de todo lo que tiene que ver con los juegos de alcoba. Pero hay que entender que no es lo mismo pillar un puente largo y un puente aéreo para ir a ver puentes a Madison, que irse a vivir allí. Seguramente en eso, el porcentaje de preferencia tenga solo una cifra, y lo entiendo.
La vida son ciclos vitales, y para expatriarte has de estar en una fase personal y profesional muy específica. Según otra estadística de esas que encuentras por internet, las compañías que quieren expandirse tienen serios problemas para conseguir voluntarios en plantilla que se expatríen, y por eso tiran de los ninis, ni demasiado casado, ni demasiado joven. Y es que creo que es fácil entender que no es lo mismo mover a una persona que a una familia, tanto por gusto como por gasto. Sin entrar por supuesto en el famoso “salir de la zona de confort” que eso es posible sea motivo de otro post. A lo que vamos…
Foto Original:
Cuando me ofrecieron irme a México dudé. Normal. Tras unos fabulosos años en Barcelona y sin apenas había retomado posesión de mi Madrid natal, zas, pastilla roja o azul. Evidentemente lo compartí con mi círculo más cóncavo esperando disenso, pero me sorprendió el abrumador consenso, salvo mi madre. SI no te vas estás loco… México, mi sueño… Un broche de oro fantástico… No te la acabas… Pero pasado el momento oooh! venía el eeeh! con tópicos en modo cuñado de los peligros del crimen organizado, del ahorita mismo, de los pobres muy pobres, del odio a los colonizadores, del todo pica aunque te digan que no pica, de las latinas… Y bueno, puede que en todo hay parte de verdad, pero creo que nos hemos quedado con la visión de México de las películas en blanco y negro de Pancho Villa.
Huxley decía «Viajar es descubrir que todos están equivocados acerca de otros países«, y es completamente cierto, pues en todas esos eeeh’s! bienintencionados, hay un tufillo de superioridad moral que debería haberse acabado con la guerra de Cuba. A su vez Ortega, que era mucho menos del terruño que Delibes en su “Diario de un emigrante” declaró tras su visita a México “España es una cosa pequeña, un rincón de Europa, mientras que aquí la naturaleza y la historia tienen dimensiones de cataclismo. Al llegar, uno descubre que su importancia era solo un eco en un pasillo estrecho”. Duro. Ese Madrid que dejé y que tanto amo y amaré, no es ni por aproximación ese centro del mundo que se empeñan en vendernos las locas políticas locales del momento. Tan solo paseando por Reforma te das cuenta de que aquí caben tres Madrides, y no solo por su tamaño. Así que reservemos esos aires de superioridad para la cena de navidad entre citas de Borges, mientras Evita baila con Froid.
CDMX es una ciudad enorme, bulliciosa, vibrante, colorida, ruidosa, tumultuosa, y me quedo corto en epítetos para describirla. Se vive en la calle, se come en la calle, se lee en la calle, se ama en la calle. Todo es monstruosamente grande a lo alto, largo y ancho, pero nunca te sientes extraño ni pequeño. Vida y muerte conviven con naturalidad al igual que tener y no tener, nuevo y viejo, velocidad y pausa. Las magnitudes empresariales son descomunales, las financieras colosales y las plantillas ingentes. Hay un nivel de marketing, creatividad y diseño extraordinariamente avanzado, y la IA dejó de ser algo nuevo hace tiempo. Y para rematarlo, climatológicamente se vive en una eterna primavera todo el año. Alguien da mas?
Y que cómo estoy yo? Pues personalmente bien viviendo la ciudad y con ganas de vivirla más. Y profesionalmente, pues depende de quien pregunte y cuando, pero en resumen, work in progress. Y es que, como todo en la vida, incluso para los impacientes compulsivos como yo, todo es cuestión de tiempo. Porque no me asusta el ritmo, el volumen, la calidad, la magnitud… pero sí me produce cierto nivel de amilanamiento el no entender y que no me entiendan. Porque a pesar de los modismos verbales propios, ritmos de diálogo particulares y canales de comunicación específicos de cada país, más o menos me he hecho con México. Pero cuando doy el salto fuera por ejemplo a Ecuador, mi síndrome del impostor resurge cual Freddy Kruger pesadillesco, clavando sus afiladas garras en mi seguridad de creativo veterano. Lo superaré como he superado cosas mucho más difíciles en mi vida, pero de momento, es lo que hay.
Y con esto y un bizcocho, me despido hasta mañana a las ocho. Si vienes a CDMX no dudes en amarme y llamarme Y si no vienes también, que desde la distancia se agradece mucho la cercanía, y yo y la tecnología lo permite. Nos vemos guey.
Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente. ¿Hablamos?