SOBRE COMUNICACIÓN INTERNA

CLXXXVIII | YA ESTAMOS DE VUELTA Y LO HACEMOS, DE VUELTA Y MEDIA…

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando

Director Creativo #ATREVIA

(entre pallá y pacá…)

 

Tiempo de lectura estimada: 4,5 minutos

Hemos tenido el verano más extraño de nuestras vidas y todo apunta a que vamos a continuar en el mismo nivel raruno el resto del año. Dicen que la comunicación interna va a ser un pilar fundamental para paliar incertidumbres y superar desánimos, pero lo de que las personas vuelven a estar en el centro de las empresas es algo que todavía está por ver. Demos un breve vistazo a lo que se ha hecho en este sentido en el pre y durante verano, y a ver si nos da una pista de lo que será el pos. Veamos. Leamos…

Sí, ya estamos prácticamente todos de vuelta y con menos ganas que en años anteriores. Y es que decían que teníamos ganas de irnos, pero lo cierto es que de lo que no teníamos ganas, era de volver. Normal; lo que hemos vivido y la expectativa de lo que nos queda por vivir hace que ese clásico de finales de agosto llamado síndrome postvacacional, se eleve a la categoría de pandemia con más casos crónicos que el famoso covid. Y no debe extrañarnos. A pesar del esfuerzo de las compañías en el pre y durante verano por mantener la calma, cunde el desánimo generalizado potenciado por el catastrofismo interesado de los medios de comunicación, la preocupante indefinición del gobierno, y los comentarios de la cola del pescadero, que hay que ver lo que nos gusta ponernos en lo peor.

Seamos realistas, nadie tiene ni la más remota idea de qué hacer; ni gobiernos ni ciudadanos, ni empresas ni empleados, ni padres ni hijos ni espíritusantos… Así que mientras llega o deja de llegar esa famosa vacuna milagrosa que resolverá todos nuestros problemas, debemos mirar para adelante y avanzar porque viene mar revuelto y no se augura precisamente ganancia pescadores. Y ahí empieza el problema pues ahora, precisamente ahora, que deberíamos estar más cohesionados, empáticos y resilientes que nunca, nos hemos contagiado todos del virus del negativismo y la apatía, y eso sí que es peligroso. Veremos si de verdad las empresas confían en la comunicación interna para cambiar esta tendencia, o si es algo que se sigue diciendo a voces pero con la boca pequeña.

Esto que voy a decir lo hago con conocimiento de causa. Desde el principio de esta crisis no todas pero sí muchas compañías, se han comportado como auténticos y fieles compañeros de tristezas y alegrías, salud y enfermedad, pobreza y riqueza, con sus personas. De verdad que por primera vez he sentido que de verdad, las personas son importantes. Pero el tiempo pasa y no pasa nada, y como decía Manolo García, cuando la pobreza entra por la puerta el amor sale por la ventana. Esto se pone cada vez más serio y los colchones son cada vez más delgados. La comunicación interna será un importante aliado pero sin duda, su dimensión activadora de compromiso para impulsar la recuperación económica y además con inmediatez, será el enfoque que deberá tomar para sobrevivir.

estamos de vuelta
Foto Original:

Cartel película «Inferno»

2016

Ron Howard

Hagamos un breve pero intenso recorrido por la gestión que se ha hecho de la pandemia desde la comunicación interna, a ver si nos da alguna pista de si de verdad las personas siguen siendo lo primero. A principios de año nos empezaron a llegar preocupantes noticias del virus en China, pero salvo las que tenían intereses comerciales por allí, ninguna empresa lo tomó muy en consideración. En tan solo un mes, el problema había saltado fronteras, pero seguía siendo tan marginal y de tan poca gravedad aparente que tampoco se le dio mucha importancia. Fue cuando empezó a repicar en Estados Unidos y a salpicar en Italia cuando se empezó a tomar en consideración. Los protocolos de viaje a zonas sospechosas se generalizan, y muchas empresas empiezan a contemplar la posibilidad todavía no corroborada por la OMS de que esto se convierta en una pandemia.

El virus aterriza oficialmente en España en marzo con 83 casos a principios de mes, y partir de este momento empieza la caída libre. Cada mañana nos despierta el preocupante incremento de casos, pero ni con esas fuimos conscientes del problema al que nos estábamos enfrentando, más preocupados por buscar culpables que soluciones. Los primeros protocolos que trabajamos son fruto de la confusión y desinformación reinante, pues en cuestión de horas la opinión sobre elementos de protección como los guantes o mascarillas pasan de poderosos aliados a peligrosos enemigos. Las empresas empiezan a ver la necesidad de prepararse para la catástrofe inminente, pero ninguna sabía cómo, dónde ni por qué. Durante ese principio de mes de marzo se perdió un tiempo precioso para activar canales, revisar estilos de dirección, formar en herramientas, generar engagement y alinear prioridades. El día 12 con casi 3.000 contagios y 63 muertos y dado el crecimiento exponencial de casos, se cierran colegios. Y es en ese momento cuando las empresas reaccionan. Con los niños en casa y sin poder tirar de los socorridos abuelos, estalla el caos laboral, pues la mayoría de las empresas no están preparadas ni cultural, ni funcional, ni tecnológica ni económicamente para soportar el teletrabajo.

Esa semana fue crítica. Las comunicaciones son más oficiosas que oficiales contribuyendo a generar más caos y confusión. Dos días después del cierre de colegios, con más de 5.000 contagios y 133 muertos, los servicios de urgencias colapsados, el gobierno severamente cuestionado y el país zozobrando entre el negacionismo y el canibalismo, se declara el estado de alarma, cerrando centros de ocio, educativos y culturales, y limitando la circulación de personas. Y toca correr. Con la escasa e incierta información oficial intentamos elaborar protocolos de confinamiento para contribuir a que los trabajadores estén informados y protegidos dentro y fuera del confinamiento. Establecemos reglas para evitar contagios a las personas que tienen que estar en la calle, tendemos puentes informativos hacia las que tienen que permanecer en sus hogares, y gestionamos las crisis derivadas de los ertes y otras fórmulas de supervivencia similares. Formamos a las personas en el uso de herramientas de teletrabajo, e intentamos darle a todas las comunicaciones el tono más humano posible potenciando las comunicaciones optimistas y restando negativismo a la preocupante realidad.

estamos de vuelta

Y el milagro ocurre. A pesar de los problemas de ansiedad derivados del encierro, de la dificultad asociada de trabajar con niños, de la ausencia de cultura de teletrabajo y del desánimo generalizado alentado irresponsablemente por los medios de comunicación, la cosa parece que funciona. En esas semanas se hace más por la transformación digital que en todos estos años de planes y propuestas para su implementación. Iniciamos el mes de abril con más de 100.000 contagiados y superando la cifra de 9.000 muertos y el abatimiento y el cansancio empiezan a instalarse en las personas. Imágenes como el palacio de hielo convertida en morgue hacen mella en nuestras esperanzas de recuperación. Las empresas empiezan a preocuparse por la salud psicológica de sus empleados y familiares, y las comunicaciones empiezan a tener un tono menos paternalistas. Dado el incremento exponencial de contagios y fallecimientos se activan protocolos de gestión y acompañamiento de afectados.

Mayo abre con un cuarto de millón de infectados y 25.000 muertos. El PIB va en caída libre y las empresas empiezan a trasladar a sus trabajadores pequeños baños de realidad de la situación económica para hacerles partícipes de la reconstrucción. El verano se acerca y la mayoría asume que lo pasarán confinados, lo que ayuda a incrementar el pesimismo. Tímidamente el gobierno empieza a hablar del próximo desconfinamiento y ofrece datos de recuperación con la esperanza de generar confianza y dinamizar el principal motor económico del país; el turismo. El ciudadano medio se debate entre los aplausos o las caceroladas y llega el mes de junio en el que tras varias prolongaciones del estado de alarma, el día 15 se da oficialmente por concluido. La vuelta a la oficina es más o menos inminente, por lo que se empiezan a preparar apresuradamente protocolos de vuelta a la nueva normalidad, y campañas de activación del engagement de las personas. Y durante el verano las compañías además de recordar las normas más básicas de protección, se han pasado todo el tiempo pendientes de las noticias para ver si activaban el protocolo de ida, el de vuelta, el del avance o el del paro…

Y aquí estamos, en pleno mes de septiembre y lanzando de nuevo comunicaciones sin saber realmente si donde decimos digo, en realidad deberíamos decir Diego. No voy a entrar en las causas que me enveneno, pero sí en el efecto. Porque sí, durante todo este tiempo la comunicación interna ha dejado de ser la cenicienta de la comunicación y hemos bailado con el príncipe con nuestros zapatitos de cristal. Pero de verdad que deseo que todo esto no sea un espejismo y que cuando den las 12 campanadas, este vehículo que debe conducir a las compañías al futuro no se convierta en calabaza. Porque sí, sin recuperación económica no hay nada pero no hay que olvidar que sin las personas, no hay recuperación económica. Me gustaría decir que tengo clarísimo hacia donde va a ir la comunicación interna a partir de ahora pero mentiría. Lo que sí tengo claro es que esos mantras que hemos estado repitiendo en plan “el teletrabajo ha venido para quedarse” o “las personas vuelven a estar en el centro” no necesariamente tienen que ser realidad. Y es que las cosas cambian tanto y tan rápido que aventurar escenarios es peligroso y arriesgado. Cierro con un chiste que me contaron el otro día y que me hizo gracias. Año 2050, selectividad. Qué te han preguntado? cronología del covid en el año 2020. Que c*****s, han ido a pillar. Pues eso, que nadie sabe hacia dónde va el futuro pero que por favor, que nos pille en movimiento y sin olvidar que el motor, son las personas…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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