SOBRE COMUNICACIÓN INTERNA

CI | LOS SIETE PECADOS CAPITALES DE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo Ejecutivo Aleggria Comunicación

Dicen que querer es poder, pero en el caso de la transformación digital no basta. Con mayor o menor grado de urgencia o emergencia, todas las compañías se están embarcando en esto de transformarse digitalmente, sin tener en muchas ocasiones muy claro qué, cómo, dónde o quién ha de hacerlo. Vamos a ver los principales enemigos de este valioso y necesario proceso tan vital que quien no lo acometa en tiempos o formas, simplemente estará muerto.

 

Según la religión un pecado capital es un pensamiento, palabra o acción que se considera que va contra la voluntad de Dios o los preceptos de esa religión. El filósofo Walter Bejamin postuló en 1921 que la nueva religión es el capitalismo, el dinero su Dios, los directivos sus sacerdotes y los edificios de Bolsa sus lugares de culto. Según esto, cualquier pensamiento, palabra o acción en contra de la supervivencia de la empresa es pecado, y si supone cuestionar su vida o su muerte, entonces es capital. Veamos la traslación a la religión del capital de estos siete pecados, capitales.

SOBERBIA. Dícese del sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás

Este es el primer pecado del que hay que exculparse. Pensar que una empresa va a conservar eternamente el liderazgo en un proceso, un sector, un producto o un nicho de mercado hoy en día es algo suicida. Otro modelo de soberbia es pensar que lo sabemos todo y que por tanto, no necesitamos formarnos en nada. Sin las habilidades adecuadas para que todos los miembros de la organización puedan llevar a cabo los profundos cambios que un plan de estas características requiere, está abocada al fracaso antes de nacer.

LUJURIA. Dícese del deseo desordenado e incontrolable hacia algo

He visto en más de una ocasión empresas que se abrazan a esto de la transformación digital con la fiebre del converso, e invierten tantos recursos humanos y económicos que en poco tiempo producen un desgaste tal en la organización que tienen que frenar para no adelantar lo que pretendían retrasar. Establecer un plan real segmentado en el tiempo que sea capaz de ir midiendo y cerrando fases, es la clave para acometer con éxito y sin riesgo un proyecto de esta envergadura.

TRANSFORMACIÓN DIGITAL

Foto Original:

Cartel película “Seven”

1996

David Fincher

PEREZA. Dìcese de la negligencia, tedio o descuido en la realización de algo

Es condición humana el resistirse al cambio, incluso cuando la promesa de mejora es tan evidente como es el caso. Un plan de transformación digital tiene un carácter inicial descendente pero ha de calar con fuerza en todos los estamentos para que fluya en todos los sentidos y direcciones. Ilusionar con el cambio, los beneficios a corto y medio plazo y mantener vivo este espíritu es muy importante para frenar reticencias al cambio e instaurar modelos de comportamiento realmente transformadores en toda la organización.

ENVIDIA. Dícese de la tristeza o desdicha por no poseer el bien ajeno

Y es que con esto de la transformación pasa lo mismo que con los albores de internet, que todos veían cómo su competencia tenía una web y ellos querían otra, aunque no tuvieran ni la más remota idea de para qué. Y contratan a prestigiosas consultoras para hacer costosos estudios de benchmark cuyas conclusiones y plan de acción son meramente imitativos. Y como es de esperar, fracasan. Mirar fuera es necesario para ver tendencias y comportamientos, pero el camino a seguir está dentro de la propia organización.

GULA. Dícese del ansia excesivo por ingerir alimentos o bebidas

Muchos directivos reconocen humildemente su mayoría de edad para entender y acometer un plan de transformación digital, y deciden ponerse en manos de eso que con tan poco acierto se ha dado por llamar millennials. Y como son baratos y tienen una gran disposición, como si fueran minions los contratan al peso con cargos de nombres impronunciables. Hasta que al poco se encuentran con una estructura excesivamente inflada y lo peor, mucho ruido y pocas nueces. Contar con profesionales experimentados para controlar y canalizar positivamente todo ese ruido y furia que les viene de serie a esos locos bajitos es fundamental para que de verdad, sea algo más que fuegos de artificio.

IRA. Dícese de la emoción que se expresa a través del resentimiento o la irritabilidad

Para acertar hay que estar preparado para equivocarse. Es el riesgo que hay que correr. Por mucha ciencia que se ponga en ello, un proceso de transformación está sujeto al método heurístico del prueba/error. Al igual que no aceptar los errores o castigarlos en un proceso de experimentación supone un avance negativo, aprender de los mismos y motivar para seguir buscando nuevos caminos es fundamental para que el proceso de transformación sea efectivo y duradero.

AVARICIA. Dícese del afán o deseo desordenado de poseer más allá de la necesidad.

Hay algo peor que ir por detrás y es ir demasiado por delante. Todo debe ir en su justa medida. Vivir un momento de éxito en la implantación de un plan de transformación digital tiene el peligro de caer en la excesiva sofisticación. Cierto es que cuando empiezas un proceso de transformación ya no tiene fin, pero excederse en la revisión constante de procesos, someter a los usuarios a cambios tecnológicos de forma reiterada o abusar de la mecanización de las relaciones intra y extra profesionales puede ser contraproducente. Medir y escuchar es la clave para saber cuando es el momento para cada cosa, y qué cosa es para cada momento.

Hay un octavo pecado capital que fue eliminado de la lista en el siglo V por considerarse venial, y era la tristeza. Las tristeza es un sentimiento de dolor anímico producido por un suceso desfavorable que suele manifestarse con un estado de ánimo pesimista. Y este pecado aunque venial, puede ser capital si se deja que cunda el desánimo o el pesimismo en las personas de la organización. El que se decida acometer un plan de transformación digital ha de ser visto como una oportunidad y no como una amenaza al famoso estado de bienestar. La formación, la motivación, la involucración y la capacitación son las bases para que las personas de las organizaciones sean motores de cambio. Lo demás, es un pecado mortal.

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?