BASADO EN HECHOS REALES

CXL | HABLEMOS DE ALGO INCÓMODO; DE REPENTE, SE MUERE TU COMPAÑERO/A DE TRABAJO…

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo Ejecutivo Aleggria Comunicación

(TIEMPO DE LECTURA APROXIMADA: 4,5 mins.)

Hoy toca post negro. Negro como la noche. Negro como un último adiós sin despedida. Negro como una ida sin retorno. Negro como el desconsuelo. Negro como el silencio. Negro como la nada. Qué pasa cuando muere un compañero de trabajo? Las fases del luto no son las mismas que las de una pérdida en un entorno personal. En este post refresco una vivencia y comparto otras que he encontrado y me han contado ante una circunstancia similar. Veamos. Leamos…

 

Me sucedió cuando años ha, trabajaba en una gran compañía grande. Un lunes cualquiera nos recibe la noticia de que un tal Amando se había suicidado. Así, a lo bestia, sin paños calientes. Como suele suceder en este tipo de acontecimientos, los pormenores reales y ficticios corren como un reguero de pólvora mezclando realidad y fantasía. El hecho de que casi nadie le pusiéramos cara y mucho menos alma no era óbice para que a todos nos pareciera una triste noticia. Amando según decían los más enterados, era un tipo pequeño y huraño que trabajaba en el departamento de contabilidad desde los 20 años, y de eso hacía otros 20. Su madre con la que compartía vida y casa había fallecido recientemente, y él no debió de sobreponerse a su pérdida, o sobre eso se hablaba. Y en círculos más cerrados se especulaba sobre la presión añadida que le imprimía su jefe, factor que sin ser la causa directa, podría haber contribuido a tan nefasto desenlace.

Ante las muestras de pésame compartido yo me sumaba a la pena colectiva pensando que reconocer mi ignorancia iba a ser considerado como una grave falta de tacto, o similar. Así que más por necesidad que por necedad asocie su nombre al rostro de una persona del departamento que se correspondía con el retrato robot que la rumorología colectiva había construido. Mi sorpresa fue cuando en una de mis numerosas visitas a la máquina de café, que durante ese día había más que triplicado su facturación, me encontré a la persona que yo daba por finada, llenándose tranquilamente una botella de la fuente de agua común. Mi estupor no pareció sorprenderle, de lo que deduje que no debía ser el único que había cometido tan lamentable error. Compartir mi experiencia con mis compañeros alivió bastante la tensión pues todos me reconocieron que a pesar de su pesar, no tenían ni la más remota idea de quién era ese tal Amando que según decían, escondía a una gran persona bajo ese aspecto de ser gris y anónimo.

La falta de información y de popularidad del difunto hizo que la noticia dejara pronto de ser actualidad en los corrillos, aunque en el departamento se mantuvo un tiempo. La “mesa del muertose erigía como un monolito en medio del extenso departamento manteniendo viva su memoria, y como si de un virus se tratara, nadie quería sentarse cerca. Ante el silencio administrativo los rumores incriminatorios hacia el jefe se habían multiplicado exponencialmente, generando un tenso entorno laboral cargado de miradas de reproche, comentarios malintencionados e incluso amenazas anónimas. Un cambio de distribución de las mesas, una comunicación invitando al funeral y una supuesta jubilación anticipada del jefe pusieron fin a la situación, quedando la historia como una leyenda más de las que cuentan a los nuevos en la máquina del café.

MISTERHELLO

Foto Original:

Cartel película «Dead Man»

1996

Jim Jarmusch

De este episodio hace ya unos años y lo que realmente me sorprendió fue la gestión de todo el proceso o más bien, la no gestión del mismo. Como he dicho yo en muchas presentaciones, la comunicación interna existe, aunque no la crees, aunque no lo creas, y el silencio lejos de ser la respuesta, solo genera más ruido. Ninguna empresa está exenta de vivir una situación así pues aunque es una posibilidad remota como decía Jorge ManriqueA papas, emperadores y prelados, así les trata la muerte como a vulgares ladrones de ganado”.

Y el problema es que no estamos preparados para afrontar una muerte, ni el entorno personal, ni en el profesional. Parece que en el entorno personal asumimos el duelo con mayor naturalidad, pues culturalmente estamos más preparados para ello. Pero esto no pasa en el profesional, pues hay muchos factores que influyen en nuestro nivel de involucración, pena o depresión; el nivel de popularidad o de interacción, si es una muerte repentina o esperada por enfermedad, si fue un accidente laboral o en su entorno personal…

Lo que está claro es que la empresa cada vez más se define como un segundo hogar, por lo que los compañeros de trabajo se convierten en parte de nuestra familia, sobre todo si se han establecido lazos de amistad o afectivos más allá del entorno laboral. Tanto el equipo de trabajo como parte de la organización sienten con fuerza esta ausencia, lo cual además de repercutir negativamente en el estado anímico de las personas, influye en el desempeño y la productividad. Y lo sorprendente es que la mayoría de las organizaciones no cuentan con un protocolo para abordar el tema con rapidez y eficiencia.

MISTERHELLO

Un amigo Director de RRHH me confesó que aunque se está empezando a asumir la muerte como una realidad empresarial, muy pocas compañías incluyen esta casuística en sus planes de desarrollo organizacional. Por supuesto hay una respuesta oficial informando sobre el triste desenlace e invitando a los compañeros a acompañar a los familiares en el funeral, pero ni siquiera se contempla la posibilidad de ir más allá y por ejemplo, brindar apoyo psicológico profesional a los compañeros. Los americanos que para esto de enfrentarse a las penas y las alegrías son muy duchos, suelen hacer talleres para que todos expresen libremente sus emociones y con ello, ayudar a superarlo.

Pero está claro que aunque pongamos todos los medios posibles para sobrellevarlo, nunca se estará preparado para ello. Hablando con un amigo sobre el tema me comentó un problema que tuvieron en su empresa al fallecer una persona muy querida por todos en la organización. No era la primera que fallecía, pero su pérdida supuso un fuerte impacto emocional en todos, por lo que decidieron poner una placa con su nombre en la entrada del edificio. Al solemne acto de descubrimiento de la placa acudió toda la plana mayor y gran parte de los empleados. Todo transcurría con la sobriedad y ceremoniosidad debida, hasta que una voz en grito desde una planta alta encadenó una sarta de improperios acompañados de lanzamiento de material de oficina. Era la mujer de otro compañero fallecido hacía un año que como respuesta oficial había contando con la asistencia de un par de docenas de compañeros al funeral. El acto continuó tras apaciguar a la dolida viuda, y la placa fue retirada discretamente a la semana.

Yo que soy muy de hacer planes, pienso que es necesario que todas las empresas creen un protocolo de actuación ante una situación de estas características, que contemple todas las casuísticas posibles. Hablamos de defunciones repentinas y de largo recorrido, de accidentes laborales o personales, de que sean dentro o fuera de la empresa, incluso de gestionar crisis como la de France Telecom cuyo juicio ha saltado recientemente a los medios por provocar suicidios de varios de sus empleados. Pero ese, es otro tema…

Y cierro con una invitación a reflexionar. Es más que evidente que aunque somos conscientes de que nadie escapa a ella, no es un tema cómodo para nadie. Las religiones hacen su papel prometiendo que esto solo es un tránsito para una vida mejor, pero creerlo es una cuestión de fé. Todo esto me ha hecho recordar un cuento que hace años compré a mis hijas de Michele Lemieux tiulado Noche de Tormenta en la que una niña pequeña se hace miles de preguntas sobre la vida y la muerte bajo la luz de los relámpagos. Una bella historia cargada de poesía, filosofía, existencialismo, ironía y realidad no apto para todos los públicos, que pone en boca de un pequeño ser todas las dudas que tenemos sobre eso tan incómodo que llamamos muerte…

En resumen, pienso que deberíamos educarnos para asumir la muerte como un proceso más de la vida y con ello, estar mejor preparados para el duelo. Pero mientras esto llega, las compañías deberían ser más conscientes de las implicaciones que tiene la pérdida y actuar de la forma más humana posible. Porque en caliente se tiende a actuar en frío y cuando hablamos de personas, actuar así sale caro, o muy muy caro…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

¿Quieres que te avise cuando saque un nuevo post?

Introduce tu email y serás el primero en enterarte de mis novedades!

¡Gracias! Te llegará un email para confirmar tu suscripción

Pin It on Pinterest