PENSANDO PENSANDO

CXLI | ES EL SER PACIENTE UNA HABILIDAD PROFESIONAL DIFERENCIADORA?

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo Ejecutivo Aleggria Comunicación

(TIEMPO DE LECTURA APROXIMADA: 5,0 mins.)

Decían nuestros antiguos que la paciencia era la madre de todas las ciencias, lo cual más o menos se interpretaba como que para obtener resultados positivos había que darle a las cosas el tiempo que merecía. Hoy en día la falta de paciencia es una constante tanto en el entorno personal como en el profesional y muchas veces, una lacra que lleva a errores impagables. Será la paciencia un valor diferenciador a la hora de afrontar un proyecto laboral? Veamos. Leamos.

 

Somos impacientes por definición. Para sacar un pendrive del ordenador o para esperar a que se actualice. Para leer una información o para escribirla. Cuando no nos cogen el teléfono o no nos responden a un Whatasapp. Para solicitar un trabajo o para reclamarlo. Para cargar una página web o enviar un correo pesado. Impacientes. Lo queremos todo y lo queremos ya. Por eso conceptos como Amazon funcionan tan bien…

En el entorno laboral la impaciencia es un peligroso enemigo o un poderoso aliado en función de cómo la aplicamos y la transmitimos. La impaciencia bien gestionada como elemento instigador facilita la resolución de problemas, ayuda a la consecución de objetivos y favorece la innovación. Pero si es muy intensa o continuada en el tiempo suele degenerar en disfunciones, estrés, disputas y malas elecciones.

Según mi experiencia, muchas veces la ausencia de paciencia oculta una abundancia de incompetencia. Por supuesto yo no soy partidario de la parálisis por análisis, pero sí tengo claro que cualquier proceso por muy sencillo que parezca, hay que seguir una metodología de trabajo. Trabajar con ese cliente o mando “cagaprisas” (con perdón) además de degradar el ambiente laboral, solo genera ineficiencias, y ayuda a que se multipliquen de forma exponencial las posibilidades de errar.

MISTERHELLO

Foto Original:

Cartel película «Los Inmortales»

1986

Rusell Mulcahy

Dicen que la paciencia es una virtud que se gana con la edad, pero yo no lo tengo tan claro. Recuerdo cuando yo era uno más de esos niñatos con más querer que saber en mi haber,  sumergidos en la locura de la burbuja puntocom. Con alegre soltura nos dejaban que nos enfrentáramos a proyectos estratégicos de gran envergadura y manejásemos presupuestos faraónicos, confiando en que si nos dejaban trabajar, el prometido maná digital llovería del cielo. Como todo el mundo recordó, esto nunca pasó. Pero si algo aprendí en esos tiempos locos es que la velocidad sin control, no es nada.

La forma de trabajar estaba en el extremo opuesto de cualquier reflexión lógica. Nada se contrastaba, nada se validaba, nada se argumentaba, nada se documentaba. Todo se hacía rápido y por puro instinto siguiendo una sencilla metodología de prueba/error. Yo que a pesar de contar una vertiente creativa muy desarrollada siempre he tenido alma de bibliotecaria, mantenía grandes discusiones con el equipo por su anárquica forma de trabajar, pues consideraba que acertar sin método era puro azar. No hay tiempo, era la respuesta de siempre. Si no corremos, alguien se nos adelanta y nos puede pisar la “gran idea”. Y todos a correr de forma descontrolada chocando los unos con los otros como los pitufos cuando venía Gargamel…

Aunque tras el reventón de la gran burbuja puntocom la cosas volvieron un poco a su sitio, el poso de la impaciencia laboral quedó, y en los últimos años se ha reavivado con la incorporación de esa nueva clase sociolaboral que se ha dado por llamar millennials. Y vuelta a correr, a las prisas, a la falta de método, al atajsimo, a la inmediatez, a la ausencia de paciencia. El “Live fast, die young and leave a beautiful corpse” que decían decía James Dean está más de moda que nunca, salvo que ni son los jóvenes los que mueren ni el cadáver que se deja es precisamente bonito…

MISTERHELLO

Está claro que obtener algo muy esperado produce una gran satisfacción, y si no solo hay que recordar cómo vivíamos antaño las mañanas de reyes, tras convivir durante semanas con el secreto a voces de la opacas cajas ocultas en los armarios de nuestros padres. Las ganas de abrir los regalos estaban ahí, aunque no lo hiciéramos. Pues ahora parece ser que demorar la satisfacción hacia la obtención de un deseo o una necesidad provoca ansiedad y depresión, y por eso educar en la paciencia no parece algo muy saludable. Y así nos va. Apuramos tanto los tiempos que se suman los errores, se resta eficiencia, se multiplica el descontento y se dividen resultados.

No voy a entrar en las causas de esta impaciencia creciente, pero creo que además de que las nuevas tecnologías lo permiten y propician, mi opinión es que mucho de eso hay en lo que los psicólogos llaman “inmadurez social”. Lo que si voy a enumerar son los beneficios de las personas con la habilidad de la paciencia:

  • Controlan mejor sus impulsos
  • Valoran el esfuerzo del trabajo y el conocimiento
  • Transmiten más energía positiva
  • Son más considerados y respetuosos con las personas
  • Tienden a sufrir menos estrés y depresión
  • Gestionan mejor sus errores y equivocaciones
  • Están más preparados para conseguir lo que se proponen
  • Valoran más compaginar vida personal y profesional
  • En esencia, son más íntegros, completos y felices.

Vistos sus beneficios, si estuviera en mi mano yo educaría un poco más a los profesionales en la habilidad de la paciencia por ejemplo, enhebrando agujas una hora al día durante varias semanas, invitándoles a practicar el bello arte de la papiroflexia, o animándoles a cuidar un huerto hasta recoger sus frutos. Porque está claro y creo decirlo con conocimiento de causa, que hoy en día el ser paciente es un valor diferencial con mucho valor. Y cierro el post con una frase que me enKANTa: La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia la debilidad del fuerte.

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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