PENSANDO PENSANDO…

EN BUSCA DE LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ

 

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

El otro día releí un cuento de Tolstoi que como alguna que otra lectura del pasado remoto, en su momento me marcó. La narración en su aparente infinita simpleza, encierra un gran número de verdades completamente aplicables a los conceptos de felicidad e infelicidad laboral. Veamos. Pensemos. Hagamos…

A modo de resumen. “Cuando el zar enfermó gravemente, de nada sirvieron todos los remedios que se pusieron a su disposición para que mejorara, por lo que prometió la mitad de sus posesiones a aquel que pudiera devolverle la salud. Y así fue como un trovador le indicó que sanaría si encontraba a un hombre feliz y vestía su camisa. Los emisarios del zar recorrieron todo el mundo buscándolo, pero no encontraron a nadie que estuviera completamente satisfecho y feliz. Sin embargo, cuando al fin lo hallaron, no encontraron el ansiado consuelo: el hombre feliz no tenía camisa y el rey murió al ver que no había ninguna camisa.”

En una primera lectura el mensaje es claro; los trovadores no tienen ni idea de medicina. Se les suele escuchar porque vienen de fuera, hablan muy bien, gesticulan mucho, visten de forma muy peculiar y usan nombres rimbombantes, pero ni saben ni les importa. Ellos cobran por su actuación y a por otra. Si tuviera que poner en una lista a todos los iluminados que he conocido a lo largo de mi vida que con su canto de sirenas ha desperdiciado el tiempo y el dinero de clientes y agencias donde he trabajado, llenaría varios cuadernos. Dina4, por supuesto…

Otro mensaje que nos traslada es lo difícil que resulta encontrar gente que declare honestamente que es feliz. Así de triste y así de cierto. Con cualquier que hables, todos se quejan de su jefe, de su sueldo, de sus compañeros, de su ciática, de su cliente, de su horario, de su silla, de su mala suerte, o del precio del café en la sala de vending. Sin excepción. Y es que parece que es condición del ser humano el vivir en una eterna competición de lamento, como si ser feliz fuera algo insolidario o de mal gusto…

camisa del hombre feliz

Foto Original:

Cartel película “La Mascara”

1994

Chuck Russell

Seguimos avanzando. La felicidad no es algo que se busque y se encuentre como un boletus tras una tormenta. No está ahí simplemente para que la cojamos, así sin más. Tampoco se puede pedir, ni exigir, ni comprar. Una gran campaña de comunicación interna para convencer a todos de los motivos que tienen para ser felices no es vencer. Motivar no es animar, motivar es dar motivos…

Y hay más, la cantidad de recursos que se destinan para avanzar por caminos equivocados. Si alguien hubiera pensado el porqué de la infelicidad de la gente del reino, igual se hubieran ahorrado mucho tiempo y dinero. Seguramente la respuesta la hubiera encontrado en el desencanto con la forma de gobernar de su rey, o en el desacuerdo con los privilegios de la corte, o el hastío por la escasa compensación por su trabajo, o sencillamente por sentirse abandonados. Es complicado ser feliz cuando la infelicidad premeditada es una herramienta de gestión de personas…

Una mas. El emperador muere, y es más real de lo que parece. Si una compañía no tiene a las personas motivadas y felices, corre el grave peligro de morir por incomprensión, inanición o intangibilización. Es tan real que asusta…

Y para terminar, no hay camisa. No sabemos si por calor, por vieja, por moda o por rebeldía, pero el hombre más feliz del reino iba a pelo en pecho por la vida. Aquí que cada uno saque su propia interpretación, pero yo, tengo la mía

Recuerdo la historia de Diógenes de Sínope, ese famoso griego indiferente a los convencionalismos sociales que cuando Alejandro Magno le ofreció la oportunidad de obtener de él o que quisiera, tan solo le pidió que se apartara porque le tapaba el sol.

Me remito a los griegos porque fueron ellos los que como buenos amantes del teatro, inventaron las máscaras para que el actor pudiera representar múltiples personajes. Las máscaras griegas se llamaban “persona” que significa “sonar a través”. Carl Jung muchos siglos después recuperó este término para hablar de esa “máscara” social que muchos llevan para mostrarse ante el mundo…

El hombre feliz no tenía camisa porque no tenía nada que ocultar. La camisa es la máscara. La ausencia de camisa es una forma de ver y entender el cómo te enfrentas a la vida en general y al trabajo en particular. Su estado es envidiable, pero no hay forma de replicarlo, de traspasarlo, de imitarlo. Por eso ser feliz tiene mucho de quitarse la máscara, de estar por encima de los convencionalismos, de entender que avanzar por tu propio camino pasa por que haya camino en común. De hechos, no de palabras…

Para terminar solo decir que no es mi intención motivar una avalancha de personas acudiendo a su puesto de trabajo en paños menores. Tan solo invito a todos a ser un poco más humanos y un poco menos máquinas. Fuera máscaras. Lo que ves es lo que hay. A mí siempre me ha funcionado porque al final lo que quedan son las personas. Y todo lo demás se pierde, como lágrimas en la lluvia…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?