SOBRE COMUNICACIÓN INTERNA…

LXIX | VIVA ER BETI MANQUE PIERDA…

 

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

Observar el orgullo que muestra una persona hacia su empresa y el que puede demostrar como aficionado deportivo, fan musical o independentista convencido es comparar el cero con el infinito. Sentir y vivir tanto los colores como para llevarlos en la ropa interior o perderla es algo digno de ser analizado y emulado. Sin llegar a ese extremo, cuando una empresa se acerca a esto es que algo y alguien están haciendo bien las cosas. Vamos a hablar de orgullo de pertenencia…

Reconozco que no soy futbolero y por eso siempre me ha sorprendido la devoción que muestran y demuestran los aficionados por su equipo. Nadie sabe más de su equipo que un aficionado. Con la misma pericia que un historiador referencia la lista de Reyes Godos, un aficionado es capaz de remontar su conocimiento de jugadores hasta varias décadas anteriores a su nacimiento. Con la misma naturalidad que un economista detalla la estrategia de una multinacional para entrar con éxito en un mercado hostil, un aficionado desglosa las tácticas que ha seguido su equipo minuto a minuto para conseguir su victoria. Con el mismo aplomo que un físico te habla de las leyes de la termodinámica, un aficionado enumera los principios y valores de su equipo.

Supongo que no todos son así, pero me sorprende su fanatismo. El amigo de un amigo que es fan del Málaga, no entra al estadio porque dice que da mala suerte a su equipo. Si ves a un tipo paseando nervioso con el móvil en la oreja en los alrededores del estadio, es él…

Yo les escucho hablar de lo que les ha costado el último fichaje, del esfuerzo que han realizado en el último partido, de las acertadas decisiones que han tomado para ganar un torneo. Les veo ensalzar o injuriar a su presidente o al entrenador en relación al beneficio o perjuicio que hagan a su club. Observo como su himno es algo que entonan mano en pecho y defienden mano en espada. Su objetivo por el que trabajan todos es por machacar a sus rivales y ser los primeros. Ellos no son seguidores de un equipo, ellos son el equipo…

orgullo de pertenencia

Foto Original:

Cartel película “Vicky Cristina Barcelona”

2008

Woody Allen

Trayendo este fervor a un plano más de actualidad está el caso catalán. No voy a aportar ni reportar más sobre tan espinoso tema. Solo quiero seguir con esta línea del orgullo que he iniciado con el fútbol, que continuaré con la música y que terminaré con la empresa. Resulta que leo que un poco menos de la tercera parte de los catalanes no han nacido en Cataluña (datos censo 2015), lo cual confirma el dicho de que uno no es de donde nace sino de donde pace. No deja de ser llamativo el informe de Metroscopia de 2016 que constata el hecho de que en muy pocos años se ha pasado de un censo nacionalista a otro eminentemente independentista.

Porque aunque lo parezca nacionalismo e independentismo no es lo mismo. Este sesudo artículo muestra las diferencias entre ambas. Yo creo que quien haya sido, queriendo o sin querer, han hecho un gran trabajo de Brand engagement, pues ha conseguido transformar a gran parte de la sociedad catalana en los camareros del Titanic. No pretendo ser frívolo con algo tan en apariencia tan serio, pero cuando hablo con amigos catalanes del centro y ambos extremos no puedo evitar recordar la famosa escena de la película de Raoul Walsh en la que Errol Flynn bandera en mano y abanderado de su ejército se lanza en viril cabalgada hacia una muerte estéril a manos de los sanguinarios propietarios de las tierras recién invadidas. Pero ellos no han pasado a la historia, el General Custer sí. Parece que disparar a la línea de flotación tampoco es lo más apropiado para mantener este barco a flote, pero insisto, voy a dejar este tema que veo los ánimos un poco soliviantados

E igual que he dicho que no me motivaba el fútbol, la música sí. No hablo de lo que te responde todo el mundo cuando le preguntas por sus aficiones, a mí me gustaba la música de verdad. Yo me crié heavy porque en mi barrio de mocedad, Moratalaz, todos lo éramos. Como ligar para nosotros era misión imposible, pronto nos apuntamos a eso del punk pues las numerosas chiquillas de pelo punta y labios negros eran más fáciles que las escasas aguerridas amazonas de la pelambrera y las mallas de leopardo. Y cambiamos la chaqueta o más bien, los escudos que lucíamos y el tamaño de las tachuelas.

Saber que nuestro ídolo apodado “el vicioso” era un tipo feo, antipático, broncas y desagradable que no tenía ni idea de tocar ningún instrumento y que su cara de chungo era una careta para ocultar su deficiencia mental, no era óbice para no creímos lo del no future. Nuestra panda era algo que defendíamos con la muerte, por desgracia en el sentido literal de la palabra, y la unión y el sentido de pertenencia al mismo estaban por encima de cualquier otra consideración. Hacer de la música una forma de vida además de implicar una ostentación exagerada de nuestra filiación era algo que acarreaba machacar a la competencia, aunque lo nuestro no tuviera un carácter meramente competitivo.

Y llego a la empresa. Es impensable pensar que una persona llevaría el logotipo de su compañía en su ropa interior, ondearía sin pudor en el metro una bandera con sus colores corporativos o corea a voz en pecho las consignas de su organización en la piscina comunitaria. Pero sí hay muchos que en su foto de linkedin se muestran en orgulloso posado frente al logotipo de su empresa, que en su indumentaria de fin de semana eligen ese famoso polo que para amortizar la inversión llevaba el logotipo de la empresa varios cuerpos por encima de lo aconsejado, o que en una conversación sobre su compañía adaptan el dicho “de tu familia mal hablar pero nunca mal oír” y defienden la compañía a la que pertenecen.

Seguro que por un efecto estadístico tú te sientes identificado con alguno de los ejemplos anteriores. Te invito a reflexionar sobre qué aportan estas temáticas a las personas que con poco esfuerzo y menos lógicas nos vuelven fans incondicionales de su causa. Es oro líquido para una empresa. Yo no tengo la respuesta pero creo que muchas de las claves de éxito de cualquier acción de comunicación interna se pueden extraer de ahí. Yo ya estoy en ello a ver si me sale otro post o me proporciona material suficiente para escribir un libro y hacerme famoso y muchimillonario…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?