PENSANDO PENSANDO…

LXXI | ENHORABUENA, USTED ACABA DE TENER UNO DE ESOS #DEJABOOKS….!!!

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

No hay mayor éxito en una acción de comunicación interna que conseguir que sean las personas el principal canal de comunicación. Un experimento que he puesto en marcha reciente me ha dado la idea para ayudar que así sea independientemente de lo que sea y para quien sea. Le llamo #dejabooks y como el mismo nombre indica va de eso, de participar compartiendo y de compartir participando. Libros. Deja que te cuente…

Me considero un migrante digital, porque lo de nativo me pilla varias generaciones alejadas. Y tal vez por eso mi experiencia con los ebooks no ha sido exactamente positiva. Las ventajas del parato son videntes y evidentes, pero a mi hay algo que me no me convenció; demasiado fácil. Perdí el placer físico y químico de la lectura; el buscar, el comparar, el adquirir, el prestar, el clasificar, el guardar y por supuesto, el leer. Pero más allá de lo físico y la química, para mí un libro es más que las letras, palabras, párrafos y capítulos que lo componen.

No voy a profundizar más en esto. Para mi fue una revelación y pensé que era mi obligación hacer algo para frenar el imparable progreso de skynet. Pensar que las nuevas generaciones iban a ver los libros en papel como las de ahora oye hablar de las cintas de música, me puso en alerta. Y así nació #dejabooks.

#dejabooks

Foto Original:

Cartel película “La ladrona de libros”

2014

Brian Percival

Esto tiene su historia. Yo soy de esos extraños tipos que opinan que en Madrid el poder ir a trabajar en Metro es calidad de vida. En el tiempo que dura mi viaje yo juego, oigo, veo, siento, fotografío, escribo, escucho, llamo, hablo, sigo, opino, ojeo y por supuesto, leo. Y esto lo hago rodeado de cientos de personas que con mayor o grado de gusto o afinidad, también lo hacen. El qué hacen con los libros una vez leídos es particular; los hay que los tiran y los que los almacenan, los que los venden y los que los regalan, los que los prestan y los que los donan, los que los ponen en el salón y los que los mandan al trastero. Yo soy de los que los pone en el salón, hasta que he llegado al overbooking en el sentido literal de la palabra…

Y en este escenario de oferta y demanda #dejabooks encaja como llave en cerradura. Dejo un libro en un lugar cualquiera de cualquier línea de metro, lo que supone una invitación a que alguien tenga un dejabook. Esta persona que lo encuentra deberá cogerlo, leerlo, compartirlo, y volver a dejarlo, aunque lo de leerlo se lo puede saltar si no le interesa. Y así eternamente. Y sabe que esto son los dejabooks porque en la portada del libro he puesto una pegatina con mucho estilo y color que cuenta la mecánica y el objetivo.

Es una acción sin lucro ni lacra, pues ni yo gano nada ni hago que nadie pierda nada. Bueno, igual la industria del libro, pero no es importante. No soy importante. Lo único que pido aparte de no romper la cadena, es que lo compartan en sus redes sociales con el hashtag.

Alguno puede pensar que me he vuelto loco. Recuerdo una novela de Paul Auster, creo que formaba parte de su trilogía de Nueva York, en la que un tipo consiguió una cantidad ingente de libros y como no sabía qué hacer con ellos, los apiló en forma de muebles. A medida que leía, desaparecían las mesas, sillas, camas y estanterías que conformaban el mobiliario doméstico. El protagonista consideraba que un libro una vez leído era como una vaina vacía a la que se había absorbido toda su esencia. Abandonarlos en la calle era una posibilidad de resurrección ya que alguien podría darle una nueva vida. Potente concepto.

Y tú pensarás, qué tiene esto que ver con la comunicación interna?. Entre mucho y nada. Pero imagina. Como imaginar es mi trabajo, imagino una compañía que pretende instaurar, reforzar o cambiar su cultura corporativa. O fomentar buenos hábitos o mostrar malos comportamientos. O potenciar el conocimiento y uso de herramientas internas o aumentar el conocimiento de la marca, de la compañía, de su historia, de sus valores. Hablamos de cualquier proceso informativo que tenga un carácter formativo. Y como bien saben los responsables de comunicación interna, no es fácil…

Imaginemos que creamos unos libros sobre la materia en cuestión, y los vamos abandonando por distintos puntos de la compañía con la advertencia de mis #dejabooks, cogerlo, leerlo, compartirlo y dejarlo. Tener un dejabook sería algo que se empezaría a comentar, a desear, a envidiar. Se compartiría en las charlas del café, en las comidas, en las reuniones de departamento. La gente empezaría a buscarlos por todas partes, a mirar en sitios en los que nunca se había fijado, a ir a espacios que jamás había visitado. Todo por tener uno de esos dejabooks. Imaginemos…

Bueno, igual es imaginar demasiado, pero yo creo que como idea merecería la pena probarla, no?

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?