BASADO EN HECHOS REALES…

LXXII | TUTO O MUETE?

TRANSFORMARSE O DEJARSE MORIR. ESA ES LA CUESTIÓN…

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

Decía Peter Druker: Cambia antes de que te obliguen a hacerlo. Y esto es tan cierto como que las empresas que no acometan este cambio, en breve desaparecerán. Así de claro. Así de duro. Así de cierto. Hoy no voy a hablar de transformación digital, que también, si no de transformación en el sentido más amplio de la palabra, algo que aunque parezca increíble muchas empresas ni entienden, ni comparten. Para su desgracia…

Hoy en día no se habla de otra cosa más que de transformación, y si puede ser digital pues más y mejor. Y aunque no todo saben lo que significa ni lo que tienen que hacer, se pegan con orgullo la etiqueta de que ellos también. Pero no. Porque la transformación va mucho más allá de poner a toda la plantilla móvil, poder consultar la nómina online, o instalar una máquina de café cada veinte metros.

No nos engañemos, esto de la transformación no es nuevo. Recuerdo que en los albores de internet, todo el mundo tenía que tener una página web. Sin ningún tipo de análisis de los “qués” ni los “por qués”, el “cómo” no importaba. Y salía lo que salía. Ver primeras páginas como la de televisión española, la de la biblioteca nacional, e incluso de Apple nos da muestra de ello. Pero ahí estaban, y eso era lo importante…

Otro ejemplo. Cuando se puieron de moda los nuevos espacios de trabajo abiertos allá por los años 90, se interpretó esta apertura como algo meramente físico, y se derribaron las paredes para crear extensas áreas de mesas separadas por mamparas alrededor de los acristalados despachos al exterior de los mandos. Según mi opinión el efecto fue en muchas ocasiones el contrario al esperado pues al desposeer a las personas del más mínimo atisbo de intimidad se les alejó de la marca, aunque ciertamente se ganó en muchas cosas, sobre todo en espacio…

Este fenómeno de transformación de espacios ha visto en los últimos tiempos una nueva vuelta de tuerca eliminando incluso los puestos fijos y favoreciendo la creación de colonias colaborativas. Es mas que evidente que después de ver este vídeo  todos queremos trabajar en Google sin más, pero no todas las transformaciones son así, ni de cerca. Tengo que profundizar un poco más en este tema porque me gustaría escribir un post sobre él, pero lo que me han comentado algunos amigos y conocidos que ya lo están viviendo es que además de ser un fastidio estar todo el día guardando las cosas, todos tienden a sentarse en el mismo sitio, con los consiguientes mosqueos cuando alguien se le ocurre ocupar el puesto habitual de alguien. Y es que el ser humano es un poco más complejo de lo que más de uno le gustaría, o por lo menos eso creo yo…

transformacion digital mas alla de lo cultural

Foto Original:

Cartel película “Transformers3”

2011

Michael Bay

Otra revolución que vivimos fue el de las agendas electrónicas. No hablo de las famosas BlackBerry que dios tenga en su gloria, sino de una versión más primitiva llamada Palm que era una especie de Smartphone pero sin el phone. Algunas empresas como la mía pensaron que era una herramienta ideal para hacer que sus ejecutivos gestionaran mejor su tiempo, y gastó miles de las antiguas pesetas en hacernos llegar esas máquinas de lujoso diseño, aparatoso grosor e incómodo manejo.

Y pasó lo que pasó.  Todos los que tuvimos la suerte de tenerla nos vimos obligados usarla para poder hacer demostraciones prácticas a todos los que fascinados, nos preguntaban por ella. Y como no se podía permitir mostrarla con todas las casillas del calendario vacías, nos entregamos con devoción a llenarlas y rellenarlas con todo tipo de actividades, reuniones y citas involucrando a los demás en esta demencia organizativa que produjo también el efecto contrario al esperado. Y nació la “reunioninitis” una enfermedad que pesa con fuerza en las compañías y de la que todavía, nadie ha conseguido librarse. Algún día escribiré un post sobre esto…

La cuestión es que lo que tiene que quedar claro es que acometer un proceso de transformación va más allá de pintar paredes, juntar mesas, cambiar máquinas o mandarte a currar a casa. Es un proceso que ha de ir de dentro, hacia fuera. Es verdad que el foco hay que ponerlo en la mejora de los procesos productivos, de los resultados financieros, de la innovación de los productos y servicios, pero hay que pensar en los que lo van a hacer posible, las personas, y en torno a ellos han de pivotar tanto las iniciativas que se instauren como las acciones de comunicación que se lancen.

Y la clave está en mostrar el beneficio principal de esta transformación a sus protagonistas. Los beneficios de la empresa son evidentes y no parece hacer falta compartirlos; más eficiencia, más sinergia, más involucración, más ahorro, menor coste… Pero los beneficios de las personas no siempre están claros y a veces son malinterpretados. La mejora en la calidad de vida se obtiene a través de la flexibilidad no solo horaria, sino también espacial, jerárquica, funcional, tecnológica… Esto que es la base de la supervivencia a corto o medio plazo de las empresas, no es fácil, pues hay que invertir en formación, en tecnología, en procesos, pero sobre todo, en cultura del autocontrol. Porque si no hay confianza en el equipo, en su profesionalidad, en su involucración, todo esto no funciona…

Porque esto que estamos viviendo no es una revolución digital, es social, es laboral, es personal, es funcional, es vocacional. Los modelos tradicionales de venta están acabados. La gestión de procesos, personas o clientes avanza en una dimensión distinta. Las viejas estrategias de comunicación están agonizantes. Los antiguos esquemas jerárquicos ya no funcionan. Las empresas que tradicionalmente han captado talento de forma natural, ahora se ven obligadas a desarrollar estrategias agresivas para hacerse oir. Retener talento útil cada vez es más complicado, pues fuera hay ofertas reales y mucho más atractivas que con un poco de paciencia y dedicación, acaban llegando. Nadie quiere formar parte del pasado. Todos quieren abrazar el futuro

Entender y formar parte de este proceso de transformación es vital para sobrevivir, pero requiere un cambio de mentalidad por parte de la empresa. Formar a la plantilla y darle las herramientas para que sean protagonistas de este cambio es la única forma de que se realice. Tal vez requiera un ejercicio de humildad, de reflexión, de abstracción, pero es algo vital…

Y digo esto porque me consta que en España todavía muchas empresas apuestan por la cultura presencial que tan buenos resultados dio en la era del latifundio y de la revolución industrial, y aunque todos los indicadores adviertan que esta decisión les está estrangulando, la abrazan con convicción y sin reservas. Porque el peligro ya no está en el mercado, en la competencia, en los consumidores, en las cadenas de distribución. El peligro está dentro. La transformación es algo que se ha de acometer con mayor o menor grado de inversión o esfuerzo, pero que hay que acometer. O morir. Fomentar la flexibilidad, reforzar la formación, mejorar la conciliación, potenciar la participación, es el camino.

Fuera ya no hace tanto frío y el dinero no es ya el máximo atractivo. Los cantos de sirena son reales y el que más el que menos, busca transformar un poco o un mucho su vida. Transformarse no es una moda o un capricho, es vital, y las personas son la clave. Live or let die…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?