BASADO EN HECHO REALES

LXXXIX | NOS EDUCAN PARA SER LOS NÚMERO UNO, PERO Y SI NO LO SOMOS?

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

Post nihilista. Nos educan para ser los número uno y convertirnos en un caso de éxito que se comente en Ted, en las charlas del instituto de empresa, o en la Wikipedia. Pero no todos pueden. O quieren. O deben. El mundo no sería mundo si profesionalmente todos fueran números uno. Ante el descubrimiento hay dos opciones, resignarse o frustrase. Me ha venido a la memoria esta película de hace ya 90 años, cuyo mensaje está tan vigente que hace pensar que el mundo, a pesar de todo marcha

Desde siempre el cine, especialmente el americano, ha apostado por los héroes como espejo para mostrar una posible realidad alternativa a la que con esfuerzo y tesón se puede llegar a alcanzar todo lo que uno quiera. Es una promesa que nos mantiene vivos y nos da impulso a seguir adelante para alcanzar ese éxito que con tanta facilidad nos prometen las películas made in usa.

Hoy en día vivimos un momento de abreviación. Todo es rápido y todo se quiere para ya. El cine no se queda al margen, y son capaces de resumirte en cinco minutos toda una vida de lucha de una persona. Y nosotros creemos que el mundo es eso, esos cinco minutos de lucha, y buscamos las formas más rápidas y cómodas de acceder a ello. La cultura del esfuerzo es algo de padres si no de abuelos. Con internet todo es fácil, rápido, accesible…

No tiene mucho que ver pero tiene mucho que ver, este vídeo que encontré el otro día sobre una entrevista a un millenial. Ignoro si está más cerca de la realidad que de la irrealidad, pero me eché unas buenas risas con él…

Volviendo al tema de la película, que desde ya te aconsejo veas si no lo has hecho, la historia nos retrata el periplo de vida de Jhony desde sus sueños infantiles y sus ambiciones juveniles, hasta la confrontación adolescente y la resignación y aceptación adulta. Una historia de un antihéroe que no hace nada, al que no le pasa nada, y que morirá sin que nadie le recuerde. Un mensaje duro y que a nadie le gusta ver, pero que es más real que los casos de éxito, y que sigue igual de vigente que hace 90 años.

La película está rodada en un momento social muy similar a este en muchos sentidos, la efervescente sociedad americana de los años 20 donde todo era posible. Nuestro protagonismo es un don nadie que se deja llevar por esa marea de éxito y se lanza al mercado laboral con poco más que sus sueños y su sombrero. Se siente distinto, especial, elegido, y desprecia trabajos que no estén a la altura de su supuesta valía, y se ríe de la gente que se une al rebaño conformándose con oficios rutinarios y modestamente remunerados. Paladea las mieles de su triunfo con temeraria anticipación, pero poco a poco el sueño empieza a perder terreno ante la realidad.

éxito profesional

Foto Original:

Cartel película “Y el mundo marcha”

1928

King Vidor

La película avanza en el proceso de desilusión pero no tiene un mensaje negativo. Estamos tan educados para alcanzar el ser especiales, distintos y triunfadores, que no nos damos cuenta que no solo somos esa masa que con tanto desprecio abuchea el protagonista de la película sino que además, no hay nada malo en ello. Vidor nos  muestra de una forma muy explícita que está muy bien tener sueños, pero además de que no debe ser los que marca la sociedad, cada uno debe seguir los suyos y por supuesto, conocer nuestros límites o en su caso, poner todo nuestro esfuerzo y tiempo para ampliarlos.

Mi opinión sincera es que esto de las etiquetas está muy bien, pero que el esfuerzo y la preparación es la base de cualquier progreso. Nueve de cada diez proyectos de emprendimiento fracasan, y nadie habla de ellos, solo de ese 1 que triunfa. No voy a entrar en las causas de ese fracaso, pero creo que esa unidad de éxito además de suerte y por supuesto de haber contado con fuelle económico hasta que lo consigas, ha puesto esfuerzo y saber hacer para llegar a conseguirlo.

Mi ahijada quería ser cantante desde pequeña. Lo hacía francamente bien y todos se lo reconocían y la animaban a construir un sueño para perseguirlo cuando fuera adulta. Yo también la animaba, pero la aconsejaba que estudiara canto, que se apuntara a interpretación, que practicara baile, que escuchara mucha música, que aprendiera a tocar algún instrumento, pero ella se reía de mí y me llamaba viejo. La niña creció y su voz creció con ella. Sin saber muy bien como canalizar su sueño, se lanzó al mundo del karaoke donde podía conseguir el cariño y el reconocimiento del público, sin importarla que fuera tan efímero como lágrimas en la lluvia. Insatisfecha y motivada por su éxito, dejó los estudios y se empezó a presentar a todos los casting musicales habidos, obligando a sus padres a gastar el poco tiempo y dinero con que contaban para acompañarla en su sueño por todo lo ancho y largo de España. Y el sueño no llegó sencillamente, porque estaba persiguiendo un sueño que no era suyo…

Ahora vive en Dublín en un modestísimo apartamento de la periferia. Encuentra trabajos esporádicos de cajera, dependienta o camarera, y se ha echado un noviete rockero de Glasgow con el que quiere tener un hijo y fundar un hogar. Por las noches estudia un curso de administrativa para encontrar un trabajo mejor. Está ahorrando para hacerse un viaje a Memphis a ver la tumba de Elvis con su chico. La última vez que la vi me dijo que era feliz, que había conseguido su sueño. Ya no canta, salvo en la ducha y en el karaoke del pub, cuando la dejan. Y es que muchas veces como decía Calderón, los sueño, sueños son…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?