PENSANDO PENSANDO

CCXV | POLÍTICA, FÚTBOL Y RELIGIÓN; TRES TEMAS TABÚS EN EL TRABAJO?

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando

Director Creativo ATREVIA CU&PE 

Es una regla de oro; sobre determinados temas como el fútbol, la política o la religión, mejor no opinar, y menos en el trabajo. Y aun siendo cierto que suelen ser uno de los principales motivos de conflicto entre personas y por tanto de mal ambiente laboral, hablar es positivo y necesario para la cohesión de los equipos y para su crecimiento. Por desgracia vivimos en unos momentos de crispación que cualquier opinión o comentario se tiende a malinterpretar, incluso si se piensa de forma similar. En este post reflexiono sobre si ante determinados temas en el trabajo es mejor nadar o guardar la ropa. Veamos. Leamos…

Aquí no se habla de política” es la frase más repetida en los últimos tiempos, seguida de cerca del “estás en mute”. Lo más gracioso es que en realidad nunca se habla de política, por lo que las discusiones están provocadas más por una ausencia de entender que por una falta de entendimiento. Hablar de política sería conocer las raíces reales de las vertientes sociales y económicas que han condicionado determinadas ideologías, y así poder reflexionar sobre las ventajas e inconvenientes de cada uno de los modelos, la necesidad o posibilidad de evolucionar algunas de sus premisas base, las estrategias usadas para captar la atención sin perder la esencia ideológica, las conexiones ideológicas para aventurar posibles pactos… Eso sería hablar de política. Llamar imbéciles a los que no comulgan con tus ideas, no es hablar de política. Pero no nos culpemos, si no hablamos de política seguramente sea porque los que dan que hablar no son políticos. Pero no vayamos por ahí que me pierdo…

Esto mismo pasa con esos otros dos famosos temas tabú; el fútbol y la religión. Aplicando esta sencilla reflexión que hago sobre la política, opinar sobre religión no es hablar de la iglesia y llamar memos a los que la frecuentan. Igual que lanzar espadas o bastos presumiendo de oros o de copas no es hablar de fútbol. No me extiendo porque creo que todos sabemos de lo que hablamos. Y si empiezo hablando de esto es porque quiero remarcar la idea de que cuando discutimos por este tipo de temas, en realidad es porque normalmente no tenemos ni la más remota idea de lo que estamos hablando. Es por ello que según mi opinión, el hecho de discutir surge como mecanismo de defensa ante el ridículo de evidenciar nuestra propia ignorancia o necedad. Así de claro lo veo yo.

Pero bueno, ya que esto no deja de formar parte de la extendida ciencia de la opinática, voy a sumergirme en la fuente del conocimiento a ver si aportan un poco de docta luz al respecto. Y como a poco que se bucee siempre aparece un psicólogo estadounidense con una teoría publicada en un voluminoso bestseller, en este caso sale a la superficie un tal Jonathan Haidt que en su libro “La mente de los justos” explica su teoría que por otra parte, cabría en el anverso de una servilleta. Según el amigo Jon, «la falta de empatía con las opiniones y su consiguiente disputa está motivada porque los seres humanos estamos programados para competir con otras tribus y salir victoriosos«. Y ya que lo de remontarnos a la era neardental para justificar cualquier cosa no parece ser suficiente, complementa su argumentación afirmando que «cuando discutimos de forma acalorada entran en juego determinadas emociones que producen cambios químicos en nuestro organismo como aumento del nivel de adrenalina, aceleración del ritmo cardiaco, elevación de la presión arterial…» Pffe, ahorrate el precio del libro porque la verdad es que me parece más coherente mi teoría…

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Foto Original:

Cartel película «Tres anuncios en las afueras»

2017

Martin McDonagh

Bueno, independientemente de que sea por presión, compresión o impresión, significarse en el entorno laboral puede costar entre caro y muy caro, pues hay verdaderos talibanes ideológicos que pueden labrarse una sólida opinión de alguien por no ser de su misma cuerda ideológica, espiritual o deportiva. Suena poco profesional pero es una realidad, y en mayor o menor medida, a todos nos pasa un poco. Con este tipo de cosas ocurre un poco como cuando nos ponemos al volante y sale ese Mister Hyde que todos llevamos dentro. Cantidad de veces me han sorprendido personas de reconocido sosiego y calma, metamorfeándose en aguerridos hooligans ante una opinión contraria a la suya. Por eso, creo que sobre todo en el entorno laboral hay que poner en valor un concepto que me encanta y que muy pocos practicamos; la prudencia.

Curiosamente yo soy extraordinariamente prudente con mis opiniones en mis redes sociales, aunque es inevitable que a veces se me vea un poquito el plumero. Pero en el one2one no puedo evitarlo, y salto. Luego me arrepiento y lo intento arreglar, pero lo dicho dicho queda y ya estoy tachado o remarcado. Por suerte no soy excesivamente extremista ni irrespetuoso y aunque moderada, tengo una base cultural, lógica y retórica que suele avalar y dar credibilidad a mis argumentaciones. Y además, suelo caer relativamente bien, lo cual me ayuda con mis imprudencias…

Y es que si yo me lanzo es porque igual que abrazar, me gusta hablar. Porque me parece sano, enriquecedor y necesario para fomentar la cohesión en equipos de trabajo. Según otra psicóloga, esta vez patria y de nombre Elisa “Se puede hablar de cualquier tema, siempre y cuando lo que se pretenda no sea convencer al otro, pues eso es lo que lleva a la discusión”. Y es verdad que cuando hablamos no escuchamos, y dependiendo de la paciencia o educación que tengamos, solo esperamos a que termine para decir lo que nosotros pensamos. Esto es así dentro, y fuera del entorno laboral. Y de verdad creo que es una pena. La pluralidad de opiniones es enriquecedora pues además de hacernos crecer intelectualmente, nos ayuda a ser más tolerantes. Pero no, queremos quedar por encima, y eso nos mata.

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Dice un proverbio de por ahí “si tus palabras no van a ser más bellas que el silencio, cállate” Y reforzando este concepto, me remito a Sun Tzu que decía “el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”. Parece que la lucha es la conclusión lógica del debate, tal vez porque los políticos y los medios de comunicación así nos lo presentan, pero sí, a veces la mejor forma de vencer es callar. Pero entonces qué hacemos? hablamos o callamos?. Pues es una gran pregunta, ya respuesta está en el respeto. Yo no puedo opinar de fútbol porque me la trae completamente al pairo, pero sí lo hago un poco de religión aunque no sea precisamente un ser muy espiritual, y por supuesto de política, porque de eso hablamos todos. Pero siempre tengo en cuenta que en los tres casos nuestras fobias son las que suelen conducir nuestra filias es decir, que muchos que se declaran atleltistas en realidad son antimadridistas, que otros que se declaran fieles a vox solo les vence el odio al “coletas”, y que lo de la fe, bueno, es una cuestión de fe…

Yo he vivido un episodio que creo hemos sufrido todos en los últimos tiempos; los famosos grupos de whatsapp. La crispación social y la brecha ideológica es una realidad que está en la calle y de la que nadie somos ajenos. Todos estamos de forma voluntaria o forzada en alguno de esos grupos en los que hemos pasado de compartir memes de noticias amarillas o chistes verdes, a contaminar con insultos, descalificaciones o amenazas de todo tipo de color. En uno de los míos y ante la inminente amenaza de ruptura del grupo en el sentido físico y virtual de la palabra, propuse crear uno “político” donde poder verter todo tipo de bolas, bulos, bilis y balas sin pudor. Al poco uno de los bandos abandonamos el grupo sin demasiados aspavientos, y aunque siguió en activo durante un tiempo, poco a poco fue fundiendo a negro ya que al no tener réplica, dejó de tener gracia. Un clásico…

Con esto lo que quiero decir y a modo de resumen y cierre, es que para poder hablar de todo tipo de temas sobre todo en un entorno laboral, es importante y necesario ser prudente y respetuoso. Y por supuesto, saber de lo que se está hablando y con quién. Pero también es verdad que visto lo visto, ahora igual lo mejor es callar. Pero si de verdad queremos significarnos porque no podemos o queremos evitarlo, la moderación es la clave. Y en último extremo, si es vital mostrar una filiación ideológica porque el entorno o el momento así lo requiere, y sabes que a partir de ese momento todo lo que digas se va a volver en tu contra, piensa. Yo sinceramente creo que dentro de un orden lógico y moral, a veces ser un poco cínico tampoco me va a matar. El cementerio está lleno de héroes, y siendo de los que no quieren vivir de rodillas, tampoco tengo excesivo interés en morir de pie. Vamos, que este post me lo podría haber ahorrado porque todo se resume a dos sencillas palabras; sentido común. Así, sin más. Y tú como lo ves?

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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