BASADO EN HECHOS REALES

CCXXXIV | PROFESIONALES Y PROFESIONES DESAPARECIDAS, HACE POCO…

misterhello
Jose Manuel Hernando

Director Creativo ATREVIA 

En pleno debate sobre los trabajos que van a desaparecer y los que todavía no han aparecido, están los que irremisiblemente se han volatilizado en los últimos cincuenta años. Las razones son variadas pero sin duda responden a lógicas culturales, tecnológicas y sociales. En este post tiro de hemeroteca vivencial y comparto profesiones que yo he visto en activo y que han perecido, o que se mantienen por pura curiosidad o nostalgia. Igual alguno te suena, o te suena que a alguien le suena. De una forma u otra, espero te sea cuanto menos interesante. Veamos. Leamos…

Nos gusta decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ni por aproximación es cierto. Si nos centramos en el entorno laboral, antes existían trabajos micro especializados que la tecnología los declaró innecesarios, que la globalización los consideró improductivos, o que la evolución social los demonizó como abusivos. Esto solo es una recopilación de algunos que yo recuerdo existieron, y que ya no. Si notas que falta alguno o quieres comentar uno, no dudes en compartirlo…

EL DE LOS MUERTOS. Esto era lo que gritaba un señor con una pequeña carpeta aferrada   al sobaco al asomar por la escalera de la vivienda, para que nuestros padres tuvieran preparado el dinero del recibo de lo que ahora se llama, decesos. Su visita era mensual, creo recordar, y responde a una época en la que la sociedad consideraba la muerte como parte de la vida, y se preparaban para ello pagando toda la vida su sepelio. La domiciliación bancaria acabó con su profesión, aunque creo que todavía queda alguno de ellos en determinadas zonas donde el progreso se quedó estancado en el fax y el telex.

SERENO. Esto también se gritaba antaño acompañado de tres palmadas, pero para llamarle para que abriera la puerta del portal si regresamos al hogar una vez cerradas. Y es que aunque suene raro, en esos años la gente no tenía llaves de su portal. Su misión además era vigilar que no se cometieran actos delictivos, por lo que iban provistos de una generosa garrota y un silbato, para actuar en caso necesario. La llegada de los porteros automáticos y sobre todo el fin de la dictadura, los hicieron desaparecer, aunque he odio que en ciudades como Gijón los recuperaron hace una década..

VENDEDOR DE ENCICLOPEDIAS. Hace mucho mucho tiempo, antes de la wikipedia, que si querías consultar algún dato o recabar información para un trabajo de clase, el único recurso era la famosa enciclopedia universal. Las había de todo tipo, gustos y colores, y un ejército de personas maletín en mano, peinaba las ciudades en formato puerta fría, para difundir la cultura por todo lo ancho y largo de la geografía. El truco era muy sencillo, tiene usted hijos? le interesa su futuro? y por tan solo 3 pesetas al mes, no va a hacer que alcance la posición que se merece? Muy pocos padres se resistían, y si ya la tenías siempre estaban las temáticas o las divulgativas. Con la eclosión de la informática doméstica, opciones como la Encarta o posteriormente la Wikipedia les hicieron prescindibles, y no parece que haya lógica a su recuperación.

PREGONERO. Esto era más de los pueblos que de las ciudades, pero no olvidaré ese toque prolongado de corneta anunciando con vocales finales muy alargadas, un edicto municipal, la visita de un tendero, o el anuncio de un evento religioso. Recuerdo que además de la corneta, por uniforme lucía una gastada gorra, y se le podía encontrar en la plaza para que a cambio de unas pesetas, fuera tu dinamizador social. Su anuncio paralizaba cualquier actividad, y lo normal era asomarse a la ventana para preguntarle más detalles sobre su anuncio. Ni que decir que los sistemas de megafonía y los tablones de anuncios les hicieron innecesarios.

PROFESIONALES DESPARECIDOS
Foto Original:

Cartel película «Missing»

1982

Costa Gravas

PICADOR/COBRADOR DE AUTOBÚS. Hoy nos quejamos del transporte público, pero si recordamos el de antaño, es comparar un dos caballos con un ferrari. El metro no iba más allá de la almendra de Madrid, por lo que las colas para esperar al autobús eran kilométricas. Para agilizar el pago un señor con una curiosa maquinita colgada del cuello, recorría la fila dando un pequeño billete en papel barba a cambio del importe del viaje. Al bus se entraba por la parte posterior, y el mismo señor u otro similar, picaba el billete que nos habían dado. Con el surgir de los bonobuses y sobre todo al doblar la responsabilidad de conductor a cobrador, desaparecieron. Solo como curiosidad, antes de los bono metros y las tarjetas de abono transporte se podian comprar 10 billetes a menos precio, por lo que era habitual encontrar personas en la entrada del metro vendiendo billetes al mismo precio que en taquilla. Como la cola para sacar el billete también era una realidad, todo el mundo les compraba y sacaban un sueldo interesante. Y sí, eso también se acabo…

GUARDIAS DE PARQUE Y URBANOS. No sé si estaban en todos, pero recuerdo perfectamente a los que pululaban por el parque del retiro que parecían sacados de un cuadro de Goya, y que a sonido de silbato y amenaza de garrota, impedía que la gente pasara o se sentara en el césped. Y luego estaban los urbanos, unos señores que con un casco en forma de orinal y a modo de semáforos, se ubicaban  en los principales nudos de tráfico para regular el paso de coches. La película Manolo guardia urbano con el maravilloso Manolo Morán le ha reservado al gremio un lugar de oro en la memoria colectiva.

BOTONES. Yo con 17 años era botones. No, ya se que todos tenemos la imagen de Sacarino con ese uniforme lleno de discos dorados que daban nombre a su oficio. Yo era botones de banco, y mi único trabajo era estar sentado en una mesa del hall esperando a que alguien me diera un sobre para llevar a otra planta, o me lanzara un taco de papeles para fotocopiarlos. Si lo hacías bien y cumplías la mayoría de edad, pasabas a ordenanza, que era lo mismo pero en plantas más nobles. Aunque me consta que todavía hay cosas parecidas en determinados organismos oficiales, la profesión salió con la entrada del sentido común, igual que está pasando con otras profesiones sin sentido similares en la que hay personas que consideran indignas determinadas tareas mundanas. Y lo dejo ahí.

CONTROLADOR DE LA SGAE. Yo personalmente no los he conocido, pero me consta que como las meigas, en el pasado haberlas haylas. Parece ser que antes de que esto de cobrar por los derechos de reproducción de la música sirviera para enriquecer a los que dirigían el cotarro, la SGAE a falta de medios técnicos disponía de medios humanos que intentaban controlar el que se pagara por lo que se escuchara. Y para ello y no sé si de forma casual o causal, mandaban a sus hombres de negro musical a eventos tales como discotecas, bodas, fiestas patronales o inclusos actos religiosos, para validar las escuchas. Ni idea de cómo aparecieron y desaparecieron, pero me ha resultado una profesión cuanto menos curiosa para incluir en este bestiario de profesiones extintas por necesidad, y no por azar.

PROFESIONALES DESPARECIDOS

LECHERA/PANADERA. Cuando era niño todas las mañanas mi madre me mandaba a la tienda de Pili a por una bolsa de leche, y a la de Consuelo a por una barra de pan. Suena increíble, pero Pili solo vendía leche y Consuelo, solo pan. Hoy en día es impensable e irrentable algo así, pero en aquellos tiempos era bastante habitual en los barrios, igual que la carbonería, la tienda de intercambio de tebeos o la de arreglo de zapatos. Hoy todo eso ha desaparecido y en la lechería de Pili hay un sex shop, pero la panadería de Consuelo lo heredó su hijo y ha montado una boutique del pan, y le va bastante bien. Reinventarse o morir.

AFILADOR/CHATARREROb. Como el soniquete de la trompeta anunciando el espectáculo de la cabra, el sonido de la flauta de pan del afilador recorriendo de extremo a extremo toda la escala musical, son clásicos de nuestra infancia. En este caso lo hacía desde una bici que además de transporte era banco de trabajo, y las señoras bajaban prestas con sus cuchillos y tijeras a darles una nueva vida. El chatarrero que pasaba por mi barrio era menos sofisticado y como el pregonero, anunciaba su presencia pronunciando su profesión con una alargada o final. Los primeros desaparecieron con la cultura del usar y tirar, aunque me consta que todavía queda alguno. Los segundos se llaman mineros del siglo XXI y como forman parte de la cadena de valor de la sostenbilidad, ahora son reputados y valorados profesionales del reciclaje. Merecido.

MECANOGRAFO. Antes dije que mi primer trabajo fue de botones y ahora comento que el segudo, fue de mecanógrafo. A diferencia de los que ahora se sacan masters de fin de semana a golpe de talonario, otro concepto viejuno, yo me saqué mi título de mecanógrafo en la Academia Ripollés, llegando a las 400 pulsaciones por minuto. Ahora suena banal, ridículo e innecesario, pero en aquel entonces en que no había ordenadores, el poder trasladar palabras a un soporte papel era algo realmente valorado y por tanto, una salida profesional como otra cualquiera. Y como la de muchos otros, ese era mi día laboral, escuchando como los antiguos escribas delante de mi Hispano Olivetti el rollo de otros y pasándolo a folios, que todavía no existía el dina-4. Los ordenadores y el consiguiente do it yourself acabaron con la profesión, por suerte.

CIGARRERA. Lo normal cuando éramos jóvenes era ser fumador, por lo que a falta de máquinas de vending, había gente que te vendía cigarrillos sueltos en la calle, locales públicos y eventos de todo tipo. Hoy Sanidad se echaría las manos a la cabeza, pero en aquel entonces era de lo más normal. Con la adolescencia recién estrenada, nuestro sábado lo hacíamos con 100 pesetas, menos de 1€, y nos daba para un litro de Mahou, y 3 cigarros. La litrona la pillábamos en los frutos secos de Genaro, en las lonjas, y la seña Paca, que también vendía cromos y chuches , nos daba los cigarros en su puesto sito en la puerta del Aurrerá, sin guantes ni gel. Cuando ganamos dinero y edad cambiamos de aires y contamos con nuestro propio paquete, pero ella y sus iguales siguieron con su actividad, hasta que alguien decidió que de vender cigarro sueltos, nada de nada. Y adiós.

Y hay más, muchos más que excede al post y no llega al libro. Y hablo de barquilleros y plañideras. De ascensoristas y limpiabotas. De choferes y secretarias. Pero lo dejo ahí y cierro con un extracto de la canción del gran Julio Iglesias que en modo profético, habla de la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos. Siempre hay por quien vivir y a quien amar. Siempre hay por que vivir por que luchar. Al final las obras quedan las gentes se van. Otros que vienen las continuarán. La vida sigue igual. Pues eso, que aunque todo parezca que cambie, la vida sigue igual.

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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