PENSANDO PENSANDO…

CLXIV | SE PUEDE TRABAJAR CON MIEDO? SÍ Y ADEMÁS, SE DEBE…​

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo #ATREVIA

Saber lo que es trabajar con miedo, te llevara unos 4 minutos…

Dicen que no es bueno vivir con miedo pero esto no es cierto, pues es precisamente el miedo lo que nos hace sobrevivir y evolucionar. Es por ello que si hablamos de comunicación interna, hacer una gestión adecuada del miedo lejos de ser algo negativo, puede ser un interesante compañero de viaje. Siendo conscientes de las diferencias entre el sentimiento natural del miedo y la utilización que algunas personas hacen de ello para su beneficio, en este post reflexiono sobre su uso y abuso en nuestro día a día laboral. Veamos. Leamos…

Si acudimos a teorías de psicología existen seis grandes emociones humanas; alegría, sorpresa, ira, tristeza, asco y miedo. Su forma y fondo varían en función de cada momento y sociedad, pero de todas ellas es el miedo la que a pesar de cambiar sus fuentes y la forma de enfrentarnos a él, permanece inalterable desde el principio de los tiempos. Y es que el miedo es una reacción física muy primaria que nos ayuda a mantenernos alerta ante cualquier amenaza atacando, o huyendo.

Conscientes de su gran potencial sugestivo, desde el principio de los tiempos el miedo ha sido usado por muchos como herramienta de control. Las religiones fueron seguramente las primeras en ponerse a ello creando esa figura de un ser omnipotente que premia lo bueno y castiga lo malo, siendo sus representantes en la tierra los que como decía Jorge Manrique “guíen nuestro camino sin errar para llegar a la otra morada sin pesar”. Por supuesto desde la creación de las primeras polis, los políticos lo practican con naturalidad provocando miedos construidos con verdades y mentiras sobre el paro, los rojos, los emigrantes o la gripe aviar para así, erigirse ellos como salvadores de la patria. Y también podemos hablar del uso del miedo en la comunicación, la cultura, la educación, la sanidad o lo que nos atañe en este post, la empresa…

El miedo está excesivamente demonizado. Nos dicen que no debemos vivir con miedo, que debemos ignorarlo, ser valientes y enfrentarnos de cara a ellos, pero esto además de imposible es poco práctico. Casi toda la lucha obrera se ha basado en un concepto de lucha contra el miedo, pero no es el miedo contra el que hay que luchar sino contra los que lo usan y manipulan para su propio beneficio. Desde el origen de las especies, el miedo es ni más ni menos que lo que nos hace sobrevivir y evolucionar, ya que es un mecanismo de defensa que nos aleja de algo para lo que no estamos preparados, y un estímulo para hacernos crecer y articular mecanismos para superarlo. El miedo a morir de frío nos hizo descubrir el fuego, por lo que en el mundo de la empresa el miedo no es algo positivo ni negativo, sino un poderoso aliado si se gestiona de forma adecuada para crecer o como mínimo, sobrevivir…

MISTERHELLO

Foto Original:

Cartel película «El cabo del miedo»

1991

Martin Scorsese

Hablando de trabajo, yo soy de los que creo que con algo de miedo hay que vivir, pues es lo que nos mantiene alerta, activos y constructivos. Hace unos meses propuse una estrategia de comunicación interna que no tuvo muy buena acogida precisamente porque trabajaba el miedo como elemento activador de compromiso. El referente con que lo ilustré era muy sugestivo; la princesa prometida. Recordamos que el pirata Roberts atacó el barco donde viajaba Westley y le dijo “hoy vas a vivir, pero mañana puede que no”. Ese sentimiento de vivir cada día como si fuera el último fue el motor que impulsó a Westley a convertirse en el propio Pirata Roberts, y volver junto a su amada Buttercup.

Vale, perfecto, igual me pasé un poco, pero creo que de verdad que jugar con un poco de miedo no es negativo. Por ejemplo no tener miedo a la posibilidad de ser despedido es el caldo de cultivo ideal para la práctica de la ley del mínimo esfuerzo (o incluso menos), y ahí tenemos el caso estereotipado de los funcionarios que todos y tanto se critica. Un poco de miedo al futuro tampoco viene mal, pues ayuda a mejorar la gestión de determinadas tensiones laborales que sin miedo, provocan huidas hacia delante o saltos suicidas al vacío.

El problema es que es verdad que el ser humano pasa con una facilidad asombrosa del uso, al abuso. Dicen que uno de los detonantes del escándalo de emisión de gases de una conocida marca de automóviles alemana fue precisamente el miedo que imponía la alta dirección de la compañía a la que al no poder ofrecer los resultados que exigían, los falseaban. Algo parecido le pasó a una conocida empresa de terminales móviles que da nombre a un pueblo finlandés, que por miedo a reconocer una realidad en la que a todas luces se dirigían, decidieron vivir en un mundo paralelo donde todo era como había sido siempre. Otro caso claro del mal uso del miedo es lo que en Japón se llama Karoshi, la decisión dramática en forma de suicidio que adoptan más de 100.000 personas al año, por miedo al fracaso laboral y al resto de fracasos que esto origina.

MISTERHELLO

El miedo puede ser un paralizante o un activador. Al igual que una empresa crece gracias al miedo que produce el que su competidor les saque del mercado o que sus clientes le abandonen, un profesional crece si ve que su implicación en el trabajo tiene una repercusión positiva o negativa en su futuro mediato. Por supuesto aquí incluyo también temas de formación y autoformación que creo merece un post aparte, ya que aunque por suerte está cambiando la tendencia, siempre se ha visto como una obligación sin conexión con el proceso natural de desarrollo profesional. Un poco de miedo de que si no hay implicación no hay evolución (obviando la amenaza velada de que tampoco continuidad) ayuda a que se valore e implique en su propio desarrollo, mejorando además valores como el de la equidad, el reconocimiento o el compromiso.

Y en el otro extremo, la parálisis. Establecer objetivos comerciales a todas luces imposibles es una práctica habitual en muchas compañías, pues todo el mundo sabe que el objetivo real está muy por debajo del planteado. El problema de este clásico Pedro y el Lobo es cuando se pretende convertir la fábula en realidad y para ello, se articulan todos los mecanismos del miedo en forma de presión y amenaza con mayor o menor grado de despotismo. Trabajar con excesivo miedo produce inseguridad, frena la creatividad, contamina las relaciones laborales y lo normal es que se entre en una espiral de negativismo que acabe provocando lo que en teoría buscaba evitar. El tomar una actitud nihilista ante este tipo de comportamientos no es más que una acción voluntaria de sometimiento que se corresponde con la quinta fase del duelo laboral del que hablé hace unos post. Y de ahí, es difícil volver…

Vamos, que te lo digo tó y no te digo ná, y con este post me la estoy jugando. Porque vivimos en un momento complicado de miembros y miembras en el que todo ha de ser políticamente correcto para que nadie se sienta dolido, desplazado u ofendido. Y aunque estoy de acuerdo que arrastramos un turbio pasado de abusos sociales y laborales del uso del miedo, no hay que olvidar que el cementerio está lleno de héroes y que la inmensa mayoría, son anónimos. El exceso de celo a la hora de tratar temas como es el caso de la gestión del miedo laboral nos debilita como personas y como profesionales. Debemos ser resistentes y resilentes a nuestros miedos, aprovecharnos de ellos para crecer y por supuesto, no dejar que otros nos manipulen con ellos. No se puede vivir con miedo, pero un poco de miedo nos ayuda a madurar en nuestra vida personal y profesional. Nunca lo olvides, el miedo es lo que nos mantiene vivos…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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