SOBRE COMUNICACIÓN INTERNA

XVII | CÓDIGO DE VESTIMENTA. ALLÍ DONDE FUERES, VISTE COMO VIERES…

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

Vamos a hablar de algo en apariencia tan frívolo y banal como es la ropa. Sí, porque el imponer una código de vestimenta en las compañías es algo cuyas ventajas y beneficios no siempre son compartidas, claras ni conocidas. No es una cuestión de imponer una forma de vestir o de intentar que todos seamos clones. No es una moda. No es estar de moda. Es algo mucho más serio e importante de lo que pueda parecer…

El dress code o código de vestimenta son una serie de normas impuestas o adoptadas por tradición o interés, que especifican la forma correcta para vestirse en situaciones o lugares concretos como puede ser, el puesto de trabajo. Puede parecer que imponer unas normas de vestimenta es algo arcaico, incomprensible o injusto. Pero el vestir cada uno a su aire ni es lo más cómodo, ni lo más práctico, ni lo más recomendable.

Tampoco se trata de llevar la normativa hasta sus últimas consecuencias. Hace unos meses se habló del caso Nicola, una recepcionista de una gran consultora que fue despedida por ir a trabajar con zapato plano cuando su código de vestimenta especificaba claramente el uso de tacón para las mujeres. El caso levantó tanta polémica que la empresa tuvo que revisar sus códigos de vestimenta ante la avalancha de críticas que recibió…

Foto Original:

Cartel película “Vestida para matar»

1980

Brian De Palma

Porque no es una cuestión de moda ni de modas, sino de entender las ventajas y beneficios que para las personas y compañías tiene esta normativa empresarial. Y es que además de personal, los beneficios empresariales del Dress Code son numerosos. Para empezar, representa la imagen de la compañía. Cada marca tiene unos valores asociados que se transmiten a través de grafismos, acciones, campañas, comportamientos y por supuesto, personas. El que los dependientes de Apple vayan en camiseta o los de El Corte Inglés en traje diplomático, no es algo fortuito…

También es práctico. O por lo menos lo era para Einstein. Su armario tenía un número de dos cifras de trajes, camisas y pantalones iguales, lo que le ayudaba a evitar tomar decisiones cada mañana, con el consiguiente ahorro de intelecto. Steve Jobs tomo ejemplo del premio nobel del Premio Nobel, y era raro no verle, cuando se le podía ver, con camiseta negra, vaqueras y zapatillas blancas. Igual le pasa a Mark Zuckerberg, que sólo viste con vaqueros y camisetas…

Decir que es más seguro es bastante obvio en entornos industriales. Elementos de vestimenta de seguridad como pantalones con refuerzo, guantes u otros API’s son obligatorios para reducir el índice de siniestralidad en puestos vinculados a la industria. Pero en la oficina también tiene su aplicación por ejemplo para reducir el, por desgracia todavía existente, acoso laboral. O elementos tan valorables hoy en día como el fomento de igualdad independientemente del sexo, la edad o los niveles jerárquicos…

Por supuesto es más económico. Aunque parezca lo contrario. Los que tenemos hijos sabemos que por muy caros que sean los uniformes de los peques, siempre serán más baratos que contar con un infinito número de posibilidades para combinar prendas cada día. Aunque esto es más evidente en el caso masculino, entiendo que para las representantes del otro género también es así…

«Si vas a la guerra, ponte el uniforme…»

Capitán América

Pero algo sí tiene que ver con las modas. Hace años y para relajar un poco las costumbres se impuso el “casual Friday” lo cual se reducía a que los viernes se podía ir igual, pero sin corbata. En la actualidad esa práctica se ha extendido a otros periodos del año como el verano, por una cuestión de practicidad, los puentes, o las reuniones, congresos o conferencias internas. E incluso se está adoptando por altos, bajos o medio pensionistas dirigentes para sus apariciones públicas para acercar más la marca y la compañía a un mercado y un público tan cambiante como el de ahora.

Lo de si están o no escritas estas normas es como las meigas, no están, pero haberlas, haylas. Yo los he visto en más de una ocasión, por lo que doy fe. Y he de decir que el enfoque no es tanto el de un documento público con consignas de obligatorio cumplimiento, sino más bien el de una guía de comportamientos y sugerencias para mandos.

Llegará el día en que no haga falta escribir ni decir nada. Cuando se empiecen a trabajar en aplicar estrategias de marca interna que hagan que todas las personas entiendan, asuman y compartan los valores asociados a su marca, todo será más fácil. Mientras eso llegue, sigamos confiando en que el sentido común funciona. Y si no, siempre tenemos la biblia del protocolo online para resolver cualquier duda. Aquí la tienes…

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