PENSANDO PENSANDO…

CCVII | ASG: DE VERDAD VAMOS HACIA UNA NUEVA ÉTICA EMPRESARIAL?

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando

Director Creativo #ATREVIA

Tiempo de lectura estimada: 2,5 minutos

Con la polémica del Rubius estableciendo su sede en un paraíso fiscal para pagar menos impuestos junto con sus colegas youtubers, me preguntaba si esto de lo que se habla tanto ahora de que los jóvenes están exigiendo un nuevo estilo de ética empresarial es una realidad o una ficción. Y es que más allá de la influencia que puedan tener sus actos en sus seguidores, que están en una edad que lo mismo son bomberos que pirómanos, me hace reflexionar sobre si todo esto del humanismo, el crecimiento responsable, y el compromiso sostenible es una nueva mentira interesada, o la nueva verdad desinteresada. Veamos. Leamos.

No entiendo por qué el caso del Rubius ha levantado tanta polvareda, pues tenemos miles de ejemplos de empresarios, artistas, futbolistas y ciudadanos de a pie que aunque proclaman a los cuatro vientos su amor patrio, le ponen los cuernos financieros a la menor de cambio, y nunca mejor dicho. Supongo que la principal diferencia estriba en la edad de los susodichos, ya que nos hace pensar que las nuevas generaciones que parecía venían con las ideas más claras, tienen los mismos pensamientos turbios que sus padres y abuelos. Y lo que decía en la introducción, me preocupa la capacidad que sus palabras tienen para hacer que sus millones de seguidores corran hacia la luz, o se sumerjan en el reverso tenebroso.

Además me sorprende que haya tanto rasgamiento de vestiduras, pues el pasar de pagar un 46% a un 10% en impuestos, lo que en el caso del joven youtuber significa un ahorro de 1,6 millones de euros al año, es de lo más tentador, verdad? Cualquiera lo haría, cierto? Pues la realidad es que sí, es así. Porque este tratamiento fiscal no es un acto de venganza contra ese colectivo de niñatos millonarios, sino que las imposiciones fiscales son iguales para todos. Y muchos de los que tienen la suerte como ellos de poder hacer lo que hagan desde cualquier punto del mundo, y que les da pereza lo de la España desocupada, también lo han hecho. Y los otros, el gran colectivo de autónomos que no pueden hacerlo porque deben atender física y presencialmente su negocio, si tomamos en consideración el nivel y la intensidad de queja que manejan, me consta que si pudieran, ellos también lo harían. Y es que como decía mi abuela, todo es brillo hasta que nos tocan el bolsillo…

A mi realmente me importa un bledo que la panda del Rubius se vayan a Andorra, a Tegucigalpa o a la cara oculta de la luna, pues es verdad que su negocio no está sujeto a las mismas normas de producción y distribución que el resto de los negocios, y por tanto, juegan en otra liga. Y por supuesto paso del uso interesado que están haciendo de la noticia determinados grupos verdes que nada tienen de verdes y morados que se están poniendo morados, pues no me interesa su eterna lucha de que si la tierra es para quien la trabaja, o para el que hace que se la trabajen. Lo que sí me importa es de si esta nueva conciencia, ética, moral o como demonios se la quiera llamar, es real o puro maquillaje, y en ambos casos, cómo va a influir en el trabajo de la gente y la gente que trabaja.

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Foto Original:

Cartel película «October»

1927

Sergei M. Eisenstein

Mientras escribo esto, en televisión aparece un anuncio de Amazon que ni me promete que si no quedo satisfecho me devuelven el dinero, ni me dice lo tonto que soy por comprar más caro en otros sitios, ni siquiera me invita a probar su servicio premium de casi gratis. Curiosamente una de las empresas más criticadas con o sin razón por su trato poco humano con sus trabajadores, se pone la capa de Capitán Planeta, y nos anuncia en un anuncio de banco de imágenes que su misión, es salvar nuestro mundo. Tras este, una energética con cientos de denuncias por contaminación y deforestación, se lanza con un anuncio tan parecido que funcionaría igual cambiando tan solo el logo del final. Y como remate, una empresa de bebidas refrescantes cuyos restos de envases aparecen en todos los anuncios de concienciación medioambiental, muestran su compromiso no de dejar de hacer un mundo peor, sino de hacerlo mejor. Bueno, es normal que muchas marcas se pasen de frenada, pero detrás de estas declaraciones de buenas intenciones, hay mucho más.

La pasada semana durante un master hablamos de que las RSC se ha visto superada por la ASG. ASG son las siglas de Ambiental, Social y Gobierno corporativo, y son un conjunto de reglas a seguir para tomar decisiones empresariales de cara a que los distintos steakholders (clientes, proveedores, empleados, inversores…) vean la compañía por su carácter positivo, más allá de sus intereses financieros. Y parece que los inversores, esos señores con gato que dominan el mundo desde la sombra, han dicho que las empresas que se someten a criterios ASG son más resilentes y tienen más futuro y por tanto, son más interesantes para invertir. Larry Fink ha tomado la delantera y ha exigido a todas las compañías bajo su ámbito que sigan una estrictas políticas de ASG para hacerlas más atractivas para los inversionistas. Que lo haga por negocio, moda, conciencia o conveniencia en realidad es lo de menos si de verdad hace que entremos en un momento de humanismo empresarial.

Según leo por ahí, el 87% de los millennials han mostrado su preferencia por invertir de manera sostenible, lo que en términos absolutos significa que nueve de cada diez futuros inversores, creen en las compañías que apuestan por el crecimiento responsable. Ahora lo entiendo todo. Las nuevas generaciones no se dejan sorprender con el relumbrón numérico de las compañías monolíticas, ni se dejan seducir por sus abultadas memorias de RSC que ni leen, ni entienden. Buscan diferenciarse de las generaciones anteriores purgando nuestros pecados y pensando que su misión es arreglar el estropicio de mundo que les hemos dejado. Es un reproche en toda regla y hablan de derrocar al viejo capitalismo. Y entre citas de Borges Evita bailaba con Freud.

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Evidentemente lo que ha hecho el Rubius no procesa para ellos, los millennials, pues no lo ven ni bien ni mal ni todo lo contrario. Su concepto de solidaridad pasa más por salvar monos de Borneo que por contar con una salud pública universal de calidad, por ejemplo. Los impuestos son un ente abstracto que nuestros políticos despilfarran a manos llenas o usan para su lucro personal. Y lo malo es que parte de razón tienen. En el caso de buscar empresas para trabajar compran más salarios emocionales que reales, igual porque la necesidad no aprieta. Según un estudio de Deloitte al 66% de los millennials les resultan más atractivas las compañías que invierten parte de sus beneficios en mejorar el desarrollo de la sociedad. Teniendo en cuenta que este colectivo representa casi una tercera parte de la fuerza laboral del mundo, no me extraña que la mayoría de empresas estén revisando su relato hacia conceptos sostenibles, aunque la mayoría buscando ser diferentes están cayendo en ser iguales.

Y eso nos pasa por preguntar. Cuando éramos jóvenes nadie nos preguntaba qué tipo de empresa preferíamos para trabajar pero seguro que la respuesta hubiera sido distinta a la que están dando ahora. Cierto es que yo siempre he tenido una conciencia social y medioambiental muy desarrollada, pero era algo que restringía al ámbito meramente personal pues en el profesional te tachaban de piojoso peligroso. Y es que hay que entender la historia en su contexto. Como en muchas otras cosas, en España no se empezó a hablar de RSC hasta finales de los 90. Antes de esa fecha el objetivo primero y último de las compañías era ganar dinero pero con el nuevo siglo se empezó a despertar la responsabilidad más allá del beneficio. El proceso de internacionalización y privatización de las empresas en este inicio de siglo ha acelerado las políticas de crecimiento sostenible, siendo impensable una empresa hoy en día que no cuenta con un plan de RSC. Pero en este momento ya no es suficiente, y es por eso que a partir de ahora empezaremos a oir hablar mucho de las siglas que dan título a este post, ASG.

Todo este rollo venía por lo del Rubius que vaya por delante, creo no merece tanto espacio mediático. No cabe duda que él es uno de los primeros mártires de lo que hace unos posts decía Manuel Mostaza de los nómadas laborales, y evidencia que uno es de donde pace y no de donde nace. Eso más o menos significa que aunque muchos creamos que el ejemplo que está dando Rubius no es el adecuado, seguramente nos equivoquemos porque no entendamos en su dimensión los cambios sociales y culturales que estamos viviendo. Quedan por delante años complejos de revoluciones y transformaciones que no vamos a comprender, y el mundo laboral va a ser de los que más cambien. Cosas como lo del Rubius no son ni buenas ni malas, solo que yo personalmente, no las entiendo. Pero sí creo que evidencia que algo está cambiando, aunque no lo comprenda ni comparta. Lo importante para mi es que creo que por primera vez, el postureo responsable de lazito y banderita se va a sustituir por compromisos reales, y que de verdad dará resultados. Y no seré yo quien lo frene…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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