SOBRE COMUNICACIÓN INTERNA

CLXXVII | COVID19; DEL CONFINAMIENTO AL CONFIAMIENTO

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando

Director Creativo #ATREVIA

(desde mi retiro responsable)

 

Tiempo de lectura estimada: 3,5 minutos

Decimos que ya falta menos, y es verdad, aunque con el ansia que nos hemos lanzado todos a hacer deporte más parece que hemos estado confitados que confinados. Y frente a los nihilistas que sospechan que en unos meses todo seguirá igual, están los que con cara de saber dicen que nada será lo mismo. Yo callo sin otorgar pero creo que en comunicación interna algo sí va a cambiar, y es que todo será cuestión de confianza; de las personas hacia las empresas, de las empresas hacia las personas. Vienen buenos tiempos para la comunicación interna? yo confío en que sí, por la «cuenta» que les trae. Veamos. Leamos…

Decía Nacho Vigalondo refiriéndose a estos tiempos, que los días pasan despacio y los meses rápido. Y cierto es que entre fases y desfases, llevamos casi dos meses con esto del retiro responsable. Durante este periodo de nuestra vida tan intenso y al vez tan extenso, hemos vivido distintas etapas que más o menos coinciden con las fases del duelo del que hablaba hace unos posts. Cuando se inició la pandemia en China y a pesar de las imágenes y las cifras con que nos despertaba la prensa internacional, entramos de pleno en la fase de la negación; eso les pasa a ellos, allí, pero nunca nos pasará a nosotros, aquí. Pocas fueron las empresas que pidieron guardar silencio para poder oir y las que lo hicieron, reaccionaron tan lento que el estado de emergencia les pilló reunidos.

Porque tras la calma vino la tempestad. Pasamos del cero a cien en pocos días y a las bravas cerraron colegios, calles y empresas y lo que hacía unos días ni siquiera era una utopía se convierte en una confusa realidad. Y entre asustados, confundidos y avergonzados, nos sumergimos a lo bestia en la fase de la ira. Y nos ponemos en modo reina de corazones y pedimos cabezas, aunque las primeras que caen son las cercenadas por el hacha del erte. Las empresas que pueden continuar su actividad se lanzan a una loca carrera para proteger a sus empleados o facilitar su trabajo en remoto. Todo parece improvisado y caótico y lo es, pero para sorpresa generalizada, todo funciona. Y a las pocas semanas nos adentramos en la fase de la negociación, aceptamos nuestra situación y empezamos a entender la verdadera dimensión de nuestro momento. Y es entonces cuando se empiezan a romper barreras entre lo personal y lo profesional, y se decide trabajar iniciativas y mensajes que evidencien que están recorriendo este camino en buena compañía.

Pero el tiempo pasa, y por más que nos digan «un día menos«, nosotros solo vemos que es «un día más«. Es la conocida como fase de la depresión; la rutina y la negatividad nos golpean con fuerza y las compañías se vuelcan por cuidar la salud anímica de su gente y de la gente de su gente. Es el momento del gracias, del ánimo, del juntos, del venceremos. Y funciona en parte, porque los datos dan pie a la esperanza, y nos prepara para la siguiente fase, la de la aceptación. Miramos al futuro y vemos que nada será lo mismo, aunque no tengamos ni la más remota idea de qué significa eso. Y empiezan los planes de desescalada y de vuelta a la nueva normalidad pero con prudencia, pues no sabemos ni cuándo, ni cómo será. Y más o menos ahí, estamos todos…

confiamiento
Foto Original:

Cartel película «La trinchera infinita»

2019

Jon Garaño, Aitor Arregi, José Mari Goenaga

Decía Al Pacino en El Padrino 2en la vida hay que saber tres cosas; no rogarle a nadie, no confiar en nadie y no esperar nada de nadie”. En lo primer y tercero puedo estar de acuerdo, pero no en lo segundo. Yo soy de los que creo que todos necesitamos algo o alguien en quien confiar, y más ahora. Cierto es que la confianza no es como el valor que se supone, hay que ganársela. El que la confianza en la recomendaciones de los organismos sanitarios pertinentes sea prácticamente nula es posible se deba a que primero lo han pedido y luego lo han exigido, pero no se lo han ganado. En el extremo opuesto, me ha sorprendido comprobar en elevado nivel de prescripción que han tenido muchas organizaciones durante este confinamiento hacia sus empleados, siguiendo ciegamente todas las recomendaciones que en trabajo, salud, control emocional o gestión del ocio personal y familiar les hacían. Y eso no ha sido porque sí, la comunicación interna está siendo la clave general para generar esa confianza.

Pero dejando atrás el pasado y mirando el futuro, como decía el otro día en un webinar, «el plan es que no hay plan«. Debemos estar preparados para vivir con lo que todos sabemos, y convivir con todo lo que no sabemos. Es el momento de confiar, y hasta que se monten en la Gran Vía tenderetes con mascarillas fashion de marcas de lujo, debemos confiar en que es necesario llevar las antiestéticas que venden en las farmacias. Pero volvamos a la comunicación interna, que me voy. Tradicionalmente uno de los frenos del teletrabajo ha sido la desconfianza de los mandos hacia el abuso más que uso que se haría de esta libertad laboral. Y creo que hasta los más críticos se han sorprendido del grado de responsabilidad e involucración que han tenido las personas con el teletrabajo. Pero no olvidemos que esto es un inicio al que nos hemos enfrentado con inocencia, pero que sigamos así cuando ya estemos picardeados dependerá del grado de confianza que haya entre personas y organizaciones.

Porque no nos confiemos de lo que ha pasado hasta ahora. Tal y como yo lo veo, estamos viviendo esto como en una película en la que no nos sentimos protagonistas sino extras no acreditados. Nos hemos tomado esto del confinamiento como un castigo, como los niños cuando les regañan y no saben porqué pero se van al rincón. Y ahora que creemos que ya hemos expiado nuestra culpa, sea la que sea, queremos volver al patio a jugar con nuestros amigos. Y como no nos dejan, hacemos revisiones de la fase de la ira culpando a los irresponsables que hacen lo que nosotros por miedo y no por conciencia, no hacemos. Sí, muchas empresas cuentan con la confianza de sus trabajadores, pero igual que lo han ganado la pueden perder. Por eso ahora en tiempos de incertidumbre, la clave es seguir tener la certidumbre de que pase lo que pase, lo pasaremos juntos.

confiamiento

Creo sinceramente que somos una sociedad inmadura. Y ojo que no lo digo yo, que lo dice Javier Pery y mi abuela. Y es que como ambos afirman con más intención que acierto; “una guerra es lo que necesitan”. La gente comenta con heroicidad que lleva 20 o 40 días sin pisar la calle, como si hubieran vivido en un sótano durante 30 años como el protagonista de la película que ilustra este post. En comunicación interna pasamos de mensajes paternalistas a actitudes maternalistas. Durante muchos años las empresas se lanzaron a una loca carrera por ver quién ofrecía más y mejores beneficios sociales, laborales y personales a sus empleados pretendiendo con ellos captar y fidelizar el talento. Y ahora se está pagando caro, pues todos esos pluses se consideraron derechos adquiridos y eso provocó que en muchos casos y casas, se apagara la confianza.

Pero todo ha cambiado, más de lo que todos creemos o nos gustaría creer y querer. Recuerdo la famosa frase de Kennedy “no preguntes qué puede hacer tu país por ti, y pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”. Estamos acostumbrados a finales made in hollywood y confiamos en que papá estado o mamá empresa nos salven. Pero esto como el frotar, se va a acabar. Las compañías se van a ver obligadas a tomar medidas dramáticas, funestas y desagradables, y su alcance y dimensión es algo que ni siquiera ahora somos capaces de evaluar. Con este panorama, más que nunca hay que apostar por la comunicación interna, pero con un cambio radical en forma y fondo. En un mundo incierto y cambiante hay que reinventarse pero antes como con los ordenadores que fallan, hay que reiniciar el sistema.

Revisemos nuestra cultura corporativa, y no dejemos que ni siquiera el inamovible propósito quede fuera de esta reflexión. Analicemos, midamos y optimicemos canales, mensajes, procesos, y que la eficiencia y agilidad sea la norma. Reduzcamos jerarquías, empoderemos y potenciemos la capacidad de decisión. Preguntemos y escuchemos, mucho, todo, siempre, contestando y actuando. Generemos confianza confiando en las personas haciéndoles causa y efecto de la realidad, pero de verdad. Formemos e informemos todo el rato, pero a cada uno en lo suyo. Y por supuesto, enfoquemos todo hacia la recuperación e incluso el crecimiento del negocio. Porque si dicen que este virus lo paramos unidos, de la rémora que nos va a dejar solo saldremos unidos. Así que no confiemos de forma ingenua que  al igual el virus en Wuhan, esto pasará, pero de largo. Y me despido con un vídeo que han realizado un grupo “anónimo” de creativos que entre otros mensajes hablan de no decir lo mismo de antes. Porque la comunicación no va de buscar likes sino de salvar lives, y en el caso de la interna, la nuestra y la de nuestra compañía. Así que ya sabes, si te ha gustado el post, dale live…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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