PENSANDO PENSANDO…

CXVI | DE TU EMPRESA MAL HABLAR PERO, NUNCA MAL OIR?

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo Ejecutivo Aleggria Comunicación

Todos más de una vez hemos oído lo de que tal persona es de la casa, que cual empresa es como una familia, que este jefe es como un padre o que el otro compañero es como un hermano. Pero no. Empresa y familia por mucho que nos lo hayan vendido así, no tienen nada que ver aunque compartan en muchas ocasiones elementos comunes. O por lo menos así lo creo yo. Veamos. Leamos…

 

Recuerdo que aplicado a la familia, esta frase siempre decía mi abuela que como es de suponer, valoraba la unión familiar por encima de todo. Y es que tradicionalmente se ha dicho que la familia es el sustento nuclear de nuestra sociedad. Y yo que ni lo dudo ni lo pongo en duda opino que aunque hayan familias que funcionan como una empresa y empresas muy familiares, una empresa no es una familia, ni viceversa.

Aunque ahora hay de más tipos de familia que de empresa, cierto es que ambas comparten una serie de valores y comportamientos que hacen que contra viento y marea vivan y pervivan. Muchos son los que hoy alzan la voz anunciando un apocalipsis social por la crisis de familia que vivimos en occidente, y ese mismo sentir pandémico se refleja en la pérdida de valores de las empresas capitalistas. Pero más allá de disquisiciones moralistas y antes de que esto se acabe convirtiendo en una encíclica, quiero centrarme en ver las similitudes entre ambos universos tan distintos, pero tan iguales. Para que nadie nos lleve a horrores ni errores.

Para empezar, formar parte de una familia es algo con lo que se nace y en la que no se puede entrar (sin nadie) ni salir (del todo). Es algo que ni se elige, cuestiona o acepta, se es. Pero salvo en el caso de los japoneses que comentaba en un post anterior nadie ve acceder a una compañía determinada como la culminación de una predestinación y menos, piensa que es un lugar donde permanecer toda su vida laboral útil.

Otro tema es el de la sangre. A la familia le suele unir eso que antaño se decía servía para que la letra entre, cosa que desde la instauración más o menos generalizada del nepotismo, no funciona en las empresas. La sangre de nuestros padres tira hacia nuestros abuelos, pero no hacia la empresa que les dio de comer toda su vida.

valores corporativos

Foto Original:

Cartel película “La familia bien, gracias”

1979

Pedro Masó

También está el nivel jerárquico. En todas las familias existe la figura del cabeza de familia, un padre o madre que con mayor nivel de consenso o imposición, hacen que se cumplan las normas y que todo funcione. Y en el lado de la empresa la directiva, una persona o personas que marcan el camino a seguir y que velan porque todos los sigan. Y aunque en la primera se puede cuestionar y no respetar porque no hay riesgo de despido procedente, la mayoría se cuidan muy mucho de no desobedecer los requerimientos de sus superiores para no quedar huérfanos laborales.

A una familia le unen unos lazos emocionales que pueden derivar o no en un sincero ligazón afectivo. En la empresa las relaciones son económicas y basadas en el aprovechamiento mutuo y en la obtención de un beneficio, y aunque se puedan establecer lazos emocionales, el interés es meramente profesional. Cierto es que de forma natural o forzada en muchas empresas se explotan afinidades personales para beneficios profesionales, pero nada tiene que ver con la unión que comparten los miembros de una familia.

Luego está lo de los valores que en el caso de la familia suelen pasar con cierto grado de inmovilismo de generación en generación, pero que si hablamos de la empresa, tienden a evolucionar con el tiempo por una cuestión de mera supervivencia. Y si lo llevamos más allá al diáfano universo de la misión, ambas con mayor o menor grado de sinceridad persiguen el mismo fin; perpetuarse y crecer.

valores corporativos

Y por supuesto, no podemos olvidar lo del orgullo de pertenencia, algo por el que la gente mata y muere como los Montescos y los Capuletos, pero que no tiene una representación tan literal entre los Danoners y los Nestleters. Porque al igual que lo normal es hablar mal, regular o peor de nuestros jefes y de la empresa, es muy raro que alguien critique abiertamente a un pariente cercano o despotrique de su familia lejana en público. Para que un empleado no hable mal de su compañía ni deje que nadie lo haga, esta ha de hacer una importante labor de fidelización que combine beneficios emocionales y racionales, cosa que en la familia se construye de forma natural.

Porque seamos honestos, ni tus jefes son tus padres ni tus compañeros tus hermanos ni los de las delegaciones, primos lejanos. Y aunque se diga que una persona es de la casa, el concepto hogar nada tiene que ver con ese espacio donde vamos todos los días a trabajar, por mucho que se empeñen las empresas en hacerlas confortables y familiares.

Termino el post con unos refranes que trasladados al mundo empresarial quedan raros, pierden su sentido o suenan increíbles: “Cuando seas jefe comerás huevos”. “Cada uno en su Empresa y Dios en la de todos”. “De fuera vendrá quien de tu puesto de trabajo te echará”. “El empleado empleo quiere”. “No hay río sin vado ni compañía sin malo”. Y cierro con uno que ni siquiera he tenido que tocar. “La mujer en su hogar y el marido en su trabajar”.

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?