PENSANDO PENSANDO…

CXXX | EL ESPÍRITU DE LA ESCALERA: UNA HISTORIA DE MIEDO, AL SILENCIO…

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo Ejecutivo Aleggria Comunicación

(TIEMPO DE LECTURA APROXIMADA: 3 mins.)

A todos nos ha pasado que la respuesta ingeniosa u oportuna a una pregunta surge una vez fuera de la reunión, la presentación o la charla con tu jefe. Se llama “El espíritu de la escalera” y normalmente precede a un momento de rabia y frustración. En este post hablamos de este fenómeno en el entorno laboral y cómo en la medida de lo posible, podemos paliarlo. Veamos. Leamos..

 

Con el término “El espíritu de la escalera”, se denomina a ese momento frustrante en que la réplica adecuada aparece demasiado tarde. El origen de la expresión es francesa y proviene de Diderot, quien lo recoge en su obra “La paradoja del comediante”. Según parece ser este famoso filósofo se encontraba cenando en casa de un hombre de estado, y este le hizo un comentario que le dejó literalmente sin palabras. Al concluir la cena y bajar las escaleras camino a la salida de la mansión le sobrevino el momento de epifanía en el que de forma espontánea, se reveló la respuesta que debía haber dado en vez de su frustrante silencio.

“Un hombre sensible como yo, abrumado por el argumento esgrimido contra él, que se sienta confundido y solo puede pensar claramente cuando baja hasta el final de las escaleras”.

La razón por la que se produce este fenómeno es variada, pero una de las claves la ofrece Bertrand Rusell en su “Conquista de la Felicidad”. Según este filósofo inglés, por debajo de nuestro nivel de conciencia opera otro de pensamiento consciente que surge cuando liberamos la mente. Esto más o menos viene a decir que a veces forzar para dar la respuesta más adecuada puede provocar el efecto contrario al deseado. Probar a generar una réplica espontánea puede ser la clave para que no te persiga tan incómodo espíritu.

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Foto Original:

Cartel película “Al final de la escalera”

1980

Peter Medak

Jacques-Rosseau en su obra “Confesiones” se declara víctima recurrente de este espíritu, por lo que muestra su preferencia por la comunicación epistolar a la oral, ya que le permite reflexionar sobre lo que va a decir y cómo lo va a hacer. Escribir es una buena forma de vencer al espíritu, ya que ofrece la posibilidad de pensar y modular el discurso, pero también es una buena técnica para paliar sus consecuencias públicas. Guardar silencio o dar una respuesta inadecuada ante una audiencia además de incómodo es algo que se puede pagar muy caro. Normalmente no hacer nada es lo más adecuado, pero a veces compartir por escrito una respuesta que lo corrija o justifique puede ser el camino a la redención.También se puede intentar que hable el silencio, pero eso es más difícil que decir.

Otra técnica tiene que ver con algo que está muy de moda en la actualidad pero que nada tiene de actual, el mindfulness. Hace unos meses escribí sobre ello un post en el que básicamente venía a decir que hay que estar en lo que se está. Poner los cinco sentidos en el momento que se está viviendo es la mejor forma de que nadie nos pille desprevenidos.

Pero dicho todo esto, creo sinceramente que por mucho que nos preparemos o que creamos estar preparados, vencer al espíritu de la escalera es extraordinariamente complicado. Las personas con una notable agilidad mental y rapidez verbal son las que menos probabilidades tienen de sufrirlo, pero aunque se cultiva, es un don innato que no todo el mundo posee. Por ello mi opinión es que lo mejor para evitar este mal es prepararte y estar preparado. No se puede prever un imprevisto, de ahí el nombre, pero una buena técnica para adelantarse a preguntas incómodas es dibujar los distintos escenarios posibles y buscar las respuestas más adecuadas a priori. El tener una buena base intelectual, contar con conocimientos de retórica y oratoria, o disponer de un buen nivel actoral también ayuda, pero eso es otra historia.

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Para concluir y con carácter ejemplarizante, voy a compartir unas respuestas a preguntas incómodas que dio el maestro de los maestros en el arte de esquivar preguntas, Sir Winston Churchill. Ahí queda eso…

Un joven fotógrafo en su 80 cumpleaños:

“Sir Winston, espero fotografiarle de nuevamente cuando cumpla los 90…”

Y con su tono irónico habitual le responde sin apenas mirarle a la cara:

“Porque no. Usted parece gozar de buena salud…”

Bernard Shaw invitándole al estreno de su obra Pigmalión:

“Venga y traiga un amigo, si lo tiene”

A lo que responde al escritor con la siguiente misiva:

“Agradezco su invitación pero no podré ir el primer día. Iré el segundo, si es que sigue la obra…”

Montgomery en un discurso por vencer a Rommel en la Batalla de África en clara alusión a Churchill:

“No fumo, no bebo, no prevarico, y soy un héroe”

Obteniendo la única respuesta que se podía esperar de él:

“Fumo, bebo, prevarico, y soy su jefe”

Una diputada de la oposición interrumpe un discurso de Churchill en el parlamento Inglés para proclamar a voz en grito:

“Si vuestra excelencia fuese mi marido, yo pondría veneno en su café”

Y sin apenas inmutarse y antes de retomar su discurso le responde:

“Si yo fuese su marido, me tomaba ese café”

Otra diputada airada por su comportamiento agresivo en el parlamento le pregunta:

“Señoría, está usted borracho?”

A lo que él contesta con bastante poco acierto, por cierto:

“Sí, pero mañana yo estaré sobrio y usted seguirá siendo fea…”

Hasta el próximo post en el que hablaremos de hablar…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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