BASADO EN HECHOS REALES

CCXXXIX | EL HOMBRE BLANDENGUE: “COMO VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD CAPITALISTA, ME OBLIGAN A TRABAJAR…”​

misterhello
Jose Manuel Hernando

Director Creativo ATREVIA 

Hace unos cuantos posts para aludir al choque generacional citaba una frase  que aunque esté tan vigente como el binarismo, es de hace más de 24 siglos. Y era para compartir la idea de que aunque creamos que la juventud ha cambiado, en realidad los que hemos cambiado hemos sido nosotros, que ya no lo somos. Pero se ha actualizado este discurso, y ahora se dice de ellos que lo que son es más «blanditos». En este post intento reflexionar sobre si de verdad esta generación bambi son corderitos con piel de lobo camino del matadero, o lobitos con piel de cordero llevándonos a nosotros a él. Veamos. Leamos.

Yo no soy muy de programas de televisión, pero como todo el mundo tengo mis pecadillos audiovisuales, y el mio es First Date. No soy ni de cerca fan, pero me parece que es una ventana a una realidad que sin ser la norma, convive entre nosotros. No voy a entrar en todas las letras que cuando con normalidad se preguntan sobre las distintas inclinaciones sexuales se empeñan en añadir al LGTB, sino en las respuestas que se dan ante el escueto “trabajas?”. La que da título a este post es una que pronunció hace unos días un vegano no binario antisistema residente en Aravaca. A mi casi se me cae un ojo, o la oreja, pero antes de cargar toda mi rabia y furia contra él, pensé que además de un buen capón y un par de hervores, a ese chico le faltaba algo; vida. Juzgar a un chavalín de 17 años de Aravaca, que aunque el nombre no le haga justicia es uno de los barrios más ricos de España, por tamaña estupidez, es fácil pero no justo. Y por supuesto no representa ni de cerca la media de nada ni de nadie.

Últimamente tiro mucho de post abuelo cebolleta, pero en este caso lo veo necesario por alusiones. La nuestra era la generación que lo iba a cambiar todo, era nuestro momento y nuestra oportunidad. Por eso lucharon nuestros abuelos y para eso sufrieron nuestros padres. Me refiero más o menos a la llamada generación X, la que más o menos nacimos en democracia, más o menos nos criamos con la transición, y más o menos nos enfrentamos al mercado laboral con la reconversión. Realmente queríamos hacer las cosas de otra forma, apostar por otros modelos de familia, dar un giro al sentido de la propiedad, descubrir que hay otras formas de vivir la vida. Y sí, conseguimos muchas cosas, pero al final lo único que cambiamos fue a nosotros mismos. Nos guste o no, el dinero es necesario y a falta de proteccionismo paterno, hay que buscarse la vida para conseguirlo. Los 80 se caracterizaron por la gran crisis económica y el paro. Ante la gran dificultad para encontrar cualquier tipo de trabajo, empezamos a reducir los ideales reformistas y aumentar el nivel de tolerancia ante el abuso. Realmente era un mundo duro, y nos endureció, tanto que nos vimos con 30, 40 o 50 años siguiendo un modelo de vida similar al que prometimos no seguir. Y tiene pinta de que la historia se repite en un grácil y eterno bucle…

No suelo hablar mucho de esto porque no es algo que apetezca compartir, pero yo de niño pasé hambre. Sé que suena un poco irreal en la España de los años 70, pero lo cierto es que más allá de la caridad Galdosiana, la supervivencia para una viuda con tres hijos muy muy pequeños y sin más preparación que la que la Sección Femenina le proporcionó, era extraordinariamente difícil. Por suerte teníamos la casa pagada, y si no hubiera sido porque el director del colegio religioso donde mi padre dio clases hasta su fallecimiento nos retiró el privilegio de la exención en el pago, hubiéramos sobrevivido con cierta dignidad. El caso es que en nuestro caso la cuesta de enero se prolongaba 12 meses al año, y como comer no es una opción como disfrutar de netflix, viajar a Japón o tener tu primer luisvi, con más frecuencia de la deseado mi madre nos pedía bajar a los comercios de la zona para que tirando de lástima infantil, nos fiaran. Una infancia dura que sin embargo, no me hizo más duro. El sacrificio, la tradición, el esfuerzo y el temor de Dios fueron los mantras con los que me criaron, y desde muy niño sabía que así no sería mi vida.

millennials
Foto Original:

Cartel película «Solteros»

1992

Cameron Crowe

Con 16 años me hice punky, no porque me gustara especialmente ese tipo de música, sino porque de heavy no se ligaba nada. Básicamente con esa edad lo que vives es el presente, con lo que la idea del NO FUTURE encajó perfectamente con mis vivencias pasadas. Por supuesto, nada que no fuera divertido, peligroso o excitante merecía la pena ser vivido, incluyendo trabajo, estudios, familia o personas. Y como los excesos también cansan, profundicé en el convencimiento de que puesto que sí parece que hay futuro, debería hacer algo para cambiarlo y no repetir los mismos errores que mis padres. Y ahí fue donde me apunté a todo tipo de causas, movimientos y asociaciones de las que gracias a que no existían redes sociales ni móviles ni blogs, apenas queda constancia. Fue una época muy loca de inmadurez total que por suerte duró poco. Por eso antes de emitir un juicio de valor sobre uno de los niñatos como el que da título a este post, recuerdo que yo fui uno de ellos.

El mismo error que estamos cometiendo y que también cometieron nuestros padres, y los padres de nuestros padres, y así sucesivamente, es comparar su realidad y la nuestra. Pues claro que nuestra infancia fue distinta y seguramente más dura, pero de eso no tiene la culpa cada nueva generación. Nosotros jugábamos al balón en el descampado con los abrigos como portería, pasábamos horas preparando circuitos en la arena para las carreras de chapas y tenemos la cabeza cosida a cicatrices de las guerras de piedras. Hoy las quedadas son en el Fornite, las charlas por Whatsapp o FaceTime y el mundo lo descubres por TikTok o YouTube. Y nuestros padres muy lejos de todo esto, tenían que dejar de estudiar a muy temprana edad para contribuir a la economía familiar, y el jugar ni siquiera era algo considerado necesario a nivel pedagógico. Y si tiras más para atrás, casi ni existía el concepto de infancia. Pretender que las nuevas generaciones conozcan y sufran lo mismo que conocimos y sufrimos nosotros es absurdo, igual que creer que lo nuestro era lo bueno.

A veces me pregunto si no me he convertido en el viejo derrotado que se baba y amenaza que decía German Coppini. Todos hemos sido jóvenes en algún momento, hasta Pepe Isbert, y el que más, el que menos, ha tenido ganas de romper y cambiarlo todo. He estado leyendo un informe de por ahí sobre lo que buscan los jóvenes actuales del futuro laboral, y la principal conclusión a la que llegan es que no quieren repetir los mismos errores que cometieron sus padres, vamos nosotros. Nada nuevo sobre el sol. Y además apuntan como principal novedad el que están por la labor de reparar el daño social, ambiental, intelectual y económico que ha hecho la generación anterior, otra vez nosotros. Pfff, sinceramente creo que eso de nuevo, tampoco tiene nada. Lo que sí está claro es que cada vez hay una relación más cercana y proteccionista entre padres e hijos, pero eso igual les hace más cómodos, pero tampoco creo que les haga más blandos.

millennials

Si damos una mirada crítica y real, los jóvenes de hoy en día cuentan con más preparación que nunca, están más concienciados con la sostenibilidad que nunca, y están más dispuestos a experimentar que nunca. Han estudiado una carrera con el soniquete de que nunca iban a trabajar de eso. Han prolongado eternamente su formación con costosos masters con el convencimiento de que más allá de llenar líneas del cv, no sirven para casi nada. Han asumido su rol de sempiternos aprendices mal pagados y peor considerados, y encima tienen que estar dando las gracias. Se han ido fuera buscando su futuro, y allí se han encontrado que además de los problemas de aquí, han de sumar el de la inmigración. Y para colmo de males, les ha tocado el dichoso covid. Muy envidiable no me parece su situación, la verdad, y muy blandengues tampoco.

Yo pregunto a mis hijas sobre el por qué los jóvenes de hoy en día tienen tanta ansiedad, y me dicen algo muy llamativo, y además del consabido de que no se les entiende, es que están sometidos a demasiada presión. Y si lo piensas es cierto. Nos hemos cansado de repetirles que tienen que estar agradecidos de lo que tienen, que es su deber aprovecharlo y por supuesto, triunfar allí donde nosotros no hemos podido. Las expectativas sobre ellos son muy altas, y la enorme competitividad que impera en nuestros días no ayuda mucho. Además ahora más que nunca vivimos en una sociedad consumista, y el tener dinero es la única manera de llevar un nivel de vida exitoso. El dinero fácil es un reclamo demasiado grande, y apostar por las profesiones a través de las que supuestamente se obtiene, es normal.

Volviendo al tema con que abría el post y cerrándolo, con respecto a si los jóvenes de hoy son más blandos aunque parezca que sí, creo que cada generación de jóvenes siempre ha parecido más blanda que la anterior. Igual en la Grecia clásica de Aristóteles que en el mundo moderno de Van Damme. En 1971 ABC publicó una entrevista  con Jhon Wayne que afirmaba sin lugar a dudas que hoy en día ya no quedaban hombres, que los jóvenes eran demasiado blandosLos chicos se divierten con juegos de pelota y yates, beben Coca-Cola, compran flores y leen las cotizaciones de Bolsa”, se lamentaba. Aunque también reconocía que él ya era de otra generación, e igual el mundo que traían era mucho mejor. Y sí, creo que eso es bastante real. No puedo evitar cerrar el post sin aludir al máximo representante del macho hispánico y su famoso hombre blandengue. Porque el hombre nunca debe blandear. Ole Fary, va por ti…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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