PENSANDO PENSANDO

LXXVIII | ES POSIBLE COMBINAR MUNDO PERSONAL Y PROFESIONAL? O ES UN INVENTO DE RRHH?

José Manuel Hernando

Director Creativo Ejecutivo Aleggría Comunicación

“Es de la casa” decimos cuando alguien es de confianza en la compañía o lleva mucho tiempo en ella. O “es la jefa” comentamos cuando nuestra pareja toma una decisión de forma unilateral. Y ambas acepciones son inquietantes e inciertas, pues por mucho que nos empeñemos entre el universo personal y el profesional hay varios años luz de distancia. Dan Aireily en su libro “las trampas del deseo” comparte una interesante visión sobre la posibilidad o imposibilidad de convergencia de ambos mundos. Muy interesante…

En el libro del Génesis (2,15) se dice claramente que “Dios creó al hombre para que trabajase”. Dentro del listado de penalizaciones que impuso a Adán y Eva al expulsarles del paraíso, esta era una de las más graves. Marx dijo que “el trabajo dignifica al hombre” intentando con ello que a falta de Dios, la masa trabajadora diera sentido a su vida con el trabajo. Juan Pablo II dio una nueva vuelta de tuerca al concepto matizando que “el trabajo es para la persona, y no para el producto” haciendo ver con ello que por encima de todo, está la persona. Y luego está Cantinflas que decía “si el trabajo fuera bueno, los ricos lo acapararían…”

Más allá de las palabras, están los hechos. Las personas trabajan para vivir y en los peores de los casos, viven para trabajar. Desde hace muchos años se ha intentado difuminar la barrera entre ambos mundos trayendo un poco de casa al trabajo, y del trabajo a casa, pero sin mucho éxito. Todos tenemos clara la diferencia, y seguramente sea necesario que sea así. Airely lo expone en su libro de una forma muy clara y didáctica.

 

conciliación entre mundo personal y profesional

Foto Original:

Cartel película “La guerra de los mundos”

1953

Byron Haskin

En su capítulo 4 “El coste de las normas sociales”, Airely nos invita a imaginar. Una cena de navidad con toda la familia alrededor de la mesa y la anfitriona que ha pasado el día en la cocina, presidiendo. La cena es fantástica, todo está exquisito y cuidado al detalle, y así se lo van haciendo saber con halagos y piropos. De pronto el cuñado se levanta de su sitio, saca su cartera y la ofrece a su suegra una gran suma de dinero como agradecimiento por tan espléndido banquete. El silencio es tan incómodo que se puede cortar el aire…

El contrapunto es un añadido mio. En la otra punta de la ciudad un restaurante de gran lujo, un cocinero con mucha pompa y un servicio cuidado y esmerado. Un comensal está bordeando el éxtasis místico ante uno de los platos estrella de tan afamado cocinero y así se lo hace saber al camarero que atiende su mesa. Pero como su placer es tan grande, quiere que el artífice de tan exquisito delicatesen reciba una compensación acorde, por lo que va hasta la cocina y con lágrimas en los ojos abraza al cocinero hasta que el contacto empieza a ser incómodo, y le suelta. Hecho esto, coge su abrigo y sale por la puerta secándose las lágrimas ante el estupor de comensales y empleados…

¿Qué ha pasado aquí?

Muy sencillo. Existen dos universos claramente diferenciados, y aunque vivimos de forma simultánea en ambos, cada uno tiene sus normas. En el primero, el personal, nos mostramos como somos, lo que hacemos, lo que nos gusta, lo que vivimos. Este primer mundo está regido por convencionalismos sociales, y no existe la compensación económica sino como mucho, la emocional. En el segundo mundo, el profesional, nos presentamos como queremos que nos vean, nos reservamos nuestros gustos o preferencias, nos ceñimos a lo que nos dictan sin casi discutirlo. Allí no hay lógica más allá que la que marcan las transacciones comerciales y las normas mercantiles.

Si mantenemos ambos mundos separados y aplicamos y respetamos las normas de cada uno, todo va bien, pero en cuanto intentamos mezclar ambos, empiezan los problemas. Además los errores son muy graves y de difícil resolución. La suegra ofendida nunca mirará con buenos ojos al cuñado generoso, y el cliente agradecido no dejará de ser el gorrón llorón de la mesa 25.

Hasta hace relativamente poco tiempo todo el mundo tenía clara la división entre vida personal y profesional, tanto el patrón, como el obrero. Un buen trabajador era el que cumplía con el trabajo y las horas estipuladas, y un buen patrón el que les pagaba lo acordado en tiempo y forma. Igual que en el colegio, la sirena anunciaba el fin de esa transacción comercial, y todos tan contentos. Y aunque esto sigue vigente en muchas compañías, cada vez más empresas intentan romper esa frontera con mayor o menor éxito.

Está claro que para un directivo o empresario es muy beneficioso prolongar la jornada laboral de sus empleados más allá del tiempo y las cuatro paredes de la compañía, y las nuevas tecnologías y las redes de alta velocidad cada vez lo posibilitan más. Y todo eso está muy bien, pero si una persona decide flexibilizar o difuminar esa frontera, ha de ver que funciona en ambos sentidos es decir, ha de obtener algo a cambio que esté o no esté reflejado en el contrato laboral, suponga un beneficio compensatorio inmediato o preventivo a su esfuerzo. Por supuesto no hablo de dinero únicamente, sino de cosas tan cercanas y humanas como apoyo incondicional ante el embarazo y la maternidad, ayuda ante la enfermedad del trabajador o de un familiar, participación en los beneficios en tiempos de bonanza, o seguridad laboral ante un momento de crisis.

Un cliente nuestro es un ejemplo de ello y la tasa de captación de talento es tan alta y la de rotación tan baja que demuestra que está en el camino correcto. Voy a pedirle permiso para ponerlo como caso práctico en otro post porque merece la pena conocerlo y así entender por qué cuando vamos a sus tiendas, nos tratan tan bien…

Volviendo al tema que nos atañe, me preocupa el recorte de beneficios sociales que impulsados por el ultraliberlismo de Donald Triump, están sufriendo las empresas americanas, pues para lo bueno y lo malo son una guía de comportamiento para el resto del mundo. La factura de falta de fidelidad de sus empleados es algo que se paga a muy corto plazo, y los resultados como ha demostrado la historia, son nefastos. La gente está dispuesta a trabajar bien y mucho por un salario razonable, incluso gratis, si la contraprestación emocional es la adecuada. Pero dales un sueldo injusto, hazles un contrato basura o niégalas el más mínimo beneficio social, y además de las dificultades para captar talento útil, te durarán meses, si no días…

Para terminar me gustaría compartir una historia que leí hace unos días en un artículo que hablaba de cómo Henry Ford se había hecho rico. Para fabricar su famoso modelo T, Ford impulsó el trabajo en cadena, por lo que en cinco años pasó de los 450 a los 14.000 empleados, lo cual cambió radicalmente la forma de ver y entender el trabajo. Ford se enfrentaba a un ratio de rotación de plantilla de un 370%, y una tasa de absentismo laboral de un 10%. Además la marca tenía un serio problema de afinidad ya que las pésimas condiciones laborales de los trabajadores era visto de forma muy negativa por los clientes potenciales. Con todo esto, era muy difícil cumplir objetivos, así que el señor Ford decidió hacer lo contrario de lo que todo el mundo haría; redujo la jornada laboral y duplico el sueldo de los trabajadores. Aparte del golpe de efecto mediático, en muy poco tiempo el ratio de rotación de plantilla descendió a un 54%, y el absentismo laboral a un 2,5%. Y esto tuvo su reflejo en la cuenta de resultados cuando la productividad se incrementó entre un 40% y un 70% por trabajador, lo que originó un incremento de beneficios de un 20%…

El libro de Arley es muy recomendable pues ejemplifica muy bien todo esto que estamos hablando, y mucho más. Yo te recomiendo que lo compres y lo leas, no te arrepentirás. SI quieres, aquí te dejo un enlace de Armazón. Me lo agradecerás : )

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?