PENSANDO PENSANDO

CLXXXI | LAS TRABACACIONES, O EL FIN DEL QUEDARSE DE RODRÍGUEZ

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando

Director Creativo #ATREVIA

(a unas horas del fin del estado de alarma)

 

Tiempo de lectura estimada: 2,5 minutos

El COVID ha traído muchas cosas buenas, malas, regulares o mediopensionistas. Sin duda la más comentada ha sido la eclosión del teletrabajo y el infinito universo de posibilidades que abre. Y ya que parece más que demostrado que se puede trabajar a distancia, qué nos impide pasar los tres meses de verano en la playa o la montaña con la familia? Vamos a vivir un nuevo experimento laboral? Y una vez más será la comunicación interna la que lo posibilite y racionalice? Pues veamos. Leamos…

Ya no hay veraneos como los de antes. Y es que la denominación de veraneo haciendo honor a su naturaleza espacio temporal, respondía a unos meses del año en que una parte de familia huía de los calores de la ciudad durante un periodo que comprendía casi toda la estación estival. Durante parte de ese tiempo el cabeza de familia, normalmente el hombre, permanecía en la ciudad atendiendo sus deberes laborales, originando la conocida figura del “Rodríguez” que gracias a las películas de Pedro Lazaga, degeneró hacia el malintencionado y manipulado apellido Putierrez. Y ahí lo dejo…

Esta tradición tan hispana en que el marido dejaba a la madre con los hijos en el pueblo y les recogía un mes después para pasar otro en las atiborradas playas de Roquetas o Benidorm, prácticamente se extinguió sobre todo con la masiva incorporación del personal femenino al mercado laboral. La realidad actual es que el que más y el que menos hace malabares con sus parejas para coincidir algunos días de vacaciones, y buscar alternativas para el resto del verano como mandarles a un campamento urbano o enviarles a las famosas colonias, cuyo ascendente y significado siempre ha escapado a mi lógica.

Pero este verano igual que lo que llevamos de año, todo promete ser extraño y distinto, y de ahí el ingenioso y descriptivo título de este post. Hace un par de meses casi todos aceptamos con resignación que nos iba a tocar sufrir los rigores estivales en casa, ya que todo auguraba un largo encierro. Pero cuando por reflexión o irreflexión se decidió pasar de posibilidad a realidad en lo de desconfinarnos, pensamos que como siempre, necesitábamos una vacaciones más que nunca. Y puestos a pensar, ya que el teletrabajo nos permite acometer nuestra labor lo mismo en Málaga que en Malagón, por qué no hacerlo? Por qué no tener un veraneo como los de antes con una duración aproximada de un verano?

trabacaciones
Foto Original:

Cartel película «La ciudad no es para mi»

1966

Pedro Lazaga

Con el final del estado de emergencia muchas personas se están planteando desplazarse a su segunda residencia o a un alojamiento turístico para cumplir con sus deberes y aprovecharse del estar en un entorno vacacional. Según el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores, el trabajo en remoto se debe realizar de manera preponderante en el domicilio del trabajador o en el lugar libremente elegido por este, por lo que aunque hay más sombras que luces, no parece que la ley lo impida. Evidentemente las personas que se desplazan tienen que asegurar que cuentan con los mismos requisitos técnicos y disponibilidad para realizar su trabajo con absoluta normalidad, por lo que su cambio de residencia debería ser completamente transparente para la empresa. Pero todos los expertos coinciden en que es aconsejable informar a la compañía del traslado para evitar problemas asociados a accidentes laborales, nuevas crisis sanitarias, seguridad de datos, etc…

Bien visto el plan promete, aunque es más que evidente que las mismas facilidades y ganas de trabajar no se tienen en la oficina, en la cocina de tu casa o en el chiringuito de la playa. Para empezar hay una cuestión técnica. Aunque creamos que hemos superado con nota la apuesta tecnológica, la realidad es que la red de datos con que contamos en nuestros domicilios está a años luz de la que podemos encontrar en un destino vacacional, o a la que podemos acceder con una red móvil. Además es una cuestión de imagen, pues a muchas compañías no les hace ningún bien que sus empleados asistan a videoreuniones con fondos playeros o con vestimenta excesivamente veraniega. Y por supuesto está el aspecto psicológico, pues si en casa nos cuesta desenganchar del trabajo, es bastante probable que en la playa de lo que nos cueste desenganchar es del sentir que estamos de vacaciones…

Es por ello que muchas empresas que han visto con alivio cómo el teletrabajo ha funcionado a la perfección durante los primeros meses del encierro, sienten correr una gota fría por la espalda ante la posibilidad de que sus equipos se relajen en el momento previo en que mas les van a necesitar. Y no están exentos de razón, pues como decía en un post anterior, muchos se han tomado esto del confinamiento como una especie de castigo y ya creen que han espiado su culpa cuando no, esto no es el final, sino tan solo el principio…

trabacaciones

Es por eso que en estos momentos, la comunicación interna tiene más sentido que nunca. Porque sí, hasta ahora ha acompañado y apoyado, formado e informado, aconsejado y protegido, explicado y clarificado, y todo ello ha propiciado el establecimiento de unos lazos personales y profesionales muy intensos. Y es más que cierto que las empresas que han estado cerca de las personas se han ganado su confianza, agradecimiento y fidelidad. Pero no se debe caer en la tentación de pensar que como los caballeros de la mesa redonda, tienen una deuda eterna de gratitud y fidelidad. Vienen tiempos inciertos que conllevarán difíciles decisiones y como decía Manolo, cuando el hambre entra por la puerta el amor sale por la ventana…

Septiembre está a la vuelta de la esquina, y se supone seremos testigos de todos esos cambios que según llevamos diciendo desde hace meses, van a transformar el mundo tal y como lo conocemos. Y hablamos de cambios organizativos, flexibilidad laboral, metodologías agile, tecnificación humanizada, reenfoque remunerativo, proyectos colaborativos, prevención y seguridad… Muchos movimiento que nos tiene que pillar en movimiento, y ahora más que nunca. Seguir educando en la responsabilidad y en la corresponsabilidad es la clave para seguir en marcha independientemente de que se haga desde la residencia habitual o desde la coyuntural.

Mi opinión es que hay que favorecer la movilidad de las personas en verano pues con ello además de mejorar el ambiente laboral, se facilita la conciliación. Pero es muy importante no romper los nexos de unión con la compañía y los compañeros, pues si el síndrome postvacacional es un mal endémico que según los expertos afecta al 40% de los trabajadores con tan solo 15 días de asueto, imaginas cómo será si lo extiendes más de dos meses? Vamos que no vuelven, y si lo hacen, la frustración les dura hasta las navidades. Así que ya sabes, disfrutemos de las vacaciones pero no hagamos como si no pasara nada porque nada, puede que sea lo que pase si nos desconectamos demasiado…

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?

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