DESDE LA AGENCIA

XCI | ALGO SE MUERE EN EL ALMA, CUANDO UN CLIENTE SE VA

MISTERHELLO
Jose Manuel Hernando Llorens

Director Creativo Ejecutivo Aleggria Comunicación

Hoy se ha ido un cliente con el que llevamos ocho años trabajando y aunque sé que es ley de vida, me apena. No es el primer cliente que se va de la agencia, pero este era para mí algo muy especial. No pasa nada, los amores no duran toda la vida, pero algunos clientes cuando se van dejan una huella en el alma que no se puede borrar…

Nunca tuve claro si la famosa canción de “Los amigos de Ginés” hablaba de emigración o defunción, aunque creo que en aquellos años sin internet, ambas eran casi la misma cosa.

Yo profesionalmente he vivido muchas despedidas así tanto de cliente como de agencia, algunas por extenuación y otras por extinción. Y hoy me ha tocado de nuevo, y me ha tocado de verdad. Como todo, hay clientes y clientes, y el que hoy ha decidido partir con un pañuelo de silencio, para mí era, el cliente. Gardel decía que 20 años no son nada, pero a mi personal y profesionalmente esto ocho han sido mucho.

Cuando yo me entrego, me entrego, y a este cliente me entregué. Durante este tiempo he tenido la gran suerte de trabajar con grandes profesionales expertos en su materia con los que sentía reciprocidad de respeto y admiración. Con esa base, la química entre agencia y cliente fluía de forma natural, posibilitando la traslación al mundo físico de acciones de comunicación realmente creativas y efectivas sin apenas mediar formalismos de solicitud y entrega.

De mi época de cliente recuerdo especialmente una Directora de Cuentas que tenía cuando trabajaba con Ruiz Nicoli que respondía al nombre de Verónica. La relación era intensa y natural pues ambos entendíamos que el beneficio era mutuo, y acabamos haciéndonos muy buenos amigos. Aunque sea en la distancia seguimos manteniendo la amistad y yo siempre recuerdo la sencilla frase con que me cautivó y que yo he usado como Leit Motiv con este ahora desaparecido cliente: no te preocupes…

adios cliente

Foto Original:

Cartel película “Good bye Lenin!”

2003

Wolfgang Becker

Trabajar en formato fee con una agencia hace que se desarrolle un nivel de acercamiento y un grado de compromiso tan alto que normalmente se acaba mirando más por los intereses estratégicos del cliente que por los económicos de la agencia. Esto es así y el que diga lo contrario, es que no ama la comunicación. El trato directo, diario y fluido entre ambos pulveriza las artificiosas barreras profesionales que nos ponemos, y presenta a las personas. Y todo iba, fluía y marchaba. Bien.

No hace falta decir que en mi acto de entrega me abracé a sus marcas con la fiebre del converso incluyendo en esta cruzada del consumo en exclusiva de sus productos, una pasional prescripción activa y constante en mis círculos familiares y sociales. Debería haber pedido un sobresueldo por mi labor de dinamizador espontáneo en redes sociales…

Durante estos años, la empresa ha recibido numerosos premios por su buen hacer interno en lo que directa o indirectamente, algo hemos tenido que ver nuestra agencia. Aleggría. En la inmensa mayoría de las ocasiones los he seguido en redes sociales y lo he festejado en silencio sabiéndonos artífices de una parte de ese éxito. No pasa nada, para eso nos pagan. Con la frialdad característica de las redes sociales, mi celebración y enhorabuena se resumía a un pequeño like perdido entre la multitud de felicitaciones, pero a mí me hacía sentir grande.

Y de repente, las cosas pasan. Nuevo equipo, nuevas ideas, nuevos objetivos, nuevos intereses. Y hay profesionales salientes y personas entrantes. Y llegan los silencios con ruido y los ruidos con silencio. Y como es de manual se empieza a cuestionar lo que hay, y se busca lo fresco, lo nuevo, lo diferente. Y sin ver al pasado se mira al futuro, y se rompe la baraja. Y está bien, es lícito, y se entiende. Y se tiene la cortesía de invitarnos a renovar, a renovarnos, a renovarles. Y no hay renovación. Normal. Lo hemos vivido muchas veces en el otro lado siendo Marina Castaño. Pero ahora nos ha tocado ser Rosario Conde. Cosas de la vida.

Y sí, las cosas pasan pero no pasa nada. No somos Penélope, sentados en un banco del andén, con nuestro bolso de piel marrón, nuestros zapatos de tacón  y vestido de domingo, esperando que llegue el primer tren, meneando el abanico. No. Nosotros también miramos al futuro y vemos a esa gran superficie que está a punto de volver a colaborar con nosotros en un plan de digitalización, a esa panificadora que nos ha pedido ayuda para optimizar su integración, o a esa gran empresa energética con la que esperamos trabajar en un nuevo plan de cultura. No. Como decía hace un par de post, el mundo marcha. Pero a mí personalmente me apena, un poco.

Este post no nace de la frustración ni la reivindicación, sino del corazón. Cedo mi cetro con gusto con un único deseo, que el renovarse o morir no decline en morir por renovase. Por puro cariño. Suerte y gracias por todo lo que hemos vivido estos años, a la gente de la casa que seguirá haciendo de ella una gran casa, y con el deseo sincero y firme de que esa empresa, siga siendo la leche. Gracias de corazón : )

Porque esto es misterhello y estamos para eso, para hablar de comunicación interna de una forma diferente.¿Hablamos?